lunes, 16 de mayo de 2011

¿Dónde has estado?

Había perdido el rastro. Andaba desorientada en algún punto del sudoeste, incapaz de vislumbrar la estrella polar que poco tiempo atrás había centelleado imponente, por encima de todo su horizonte, impertérrita y, aparentemente, incondicional durante todo su viaje.

El fardo le pesaba cada vez más. Lo había llenado de cosas inútiles, superficiales, triviales, a las que había otorgado, por inseguridad, una importancia desmesurada. Aheridos como parásitos a las paredes de sus intestinos, se acumulaban viejos y nuevos miedos estúpidos...pero no implacables.

De hecho, la conciencia de esta última realidad hacía resuscitar, en lo más profundo de sus entrañas, aquella fuerza vital prácticamente olvidadada, que otros ojos habían antaño admirando tanto.

Y así, agarrada a ese aliento débil pero poderoso con el que atisbar aquellos futuros anhelado, había dado media vuelta. No había dudado en atajar por oscuros pasadizos y bosques tenebrosos. Los había atravesado como purgas que la desintoxicaran. Y al llegar al punto en el que empezó todo, había deshecho y rehecho el nudo de forma diferente.

Calzada con sandalias de cuero y ataviada con un vestido blanco semitransparente que dejaba perfilar sus pechos menudos pero firmes, había retomado el camino de la playa. Las margartias florecían desordenadas a los lados del sendero. Alguien silbaba a los lejos una melodía de su infancia. Regresaban a su olfato el sabor a salitre y, a su boca, el aroma de los días felices. Crecía, desde la planta de sus pies, la energía imparable de quien sabe que está destinado a hacer cosas grandes.

Se para en seco cuando llega a la orilla. Allí sigue el viejo pintando su barca. Tan desconocido y tan tremendamente familiar. Asoma sus ojos azules por debajo de la boina desteñida que pretende domar la maraña de su cabello canento y se pone en pie. Ella avanza hacia él con una sonrisa implora compasión y transpira la emoción de los reencuentros. Él se la devuelve como si fuera un espejo y señala hacia la roca. Sobre ella, reposan el cuaderno manoseado, los bolígrafos sin tinta, los lápices de mil tamanños y el cubo en donde siempre rebuscó las más entrañables historias.

Se acerca minúscula, reducida por cierto temor que no consigue dominar . De puntillas sobre el callado, echa un vistazo al recipiente, con los ojos achinados, porque no quiere ver si ya está vacío, si ya no queda nada dentro...

Pero no es así. En su interior, hierven en ebullición los personajes, las circunstancias, los finales trágicos y nostálgicos, también los idílicos y cómicos, incluso los que nunca terminarán por acabarse. Y mientras los contempla y los entremezcla en su cabeza, siente cómo alguien pone una mano sobre su hombro y le tiende su cuaderno ajado. Y cuando lo abre, le parece que sus páginas pronuncian las palabras de bienvenida más dulce que nunca hubiera escuchado antes:  "Niña, ¿dónde has estado". 

1 comentario:

  1. Qué suerte poder saltar los charcos,gozar de la enrgía vital para reinventarse, y para participar en la dura transformación en mariposa....Permanecer en la lucha constante contra los prejuicios, y disfrutar de tantas páginas en blanco.
    Muchas gracias por el regalo¡Es Fantástico! y por cierto...Ya estoy de vuelta!!!

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