viernes, 10 de febrero de 2012

Nadie


Hoy el mar está muy blanco: ha escondido sus pupilas y expulsa espuma por sus fauces. Mal. La cosa pinta muy mal. Tuve que haberlo adivinado a las cuatro de la madrugada, cuando me vomitaron, de pronto, las sábanas, porque habían tocado a la puerta. Y cuando me tambaleé por el suelo frío hasta ella y conseguí abrirla, tras tres vueltas de llave, no había nadie.

Luego, el doble portazo de mi coche, como un eco eterno e insufrible, aún sin pasajeros ni copiloto. 
Hace apenas unos instantes, en la pausa del café, ha rasgado el silencio la chirriante cortinilla, como si unos dedos la acariciaran para abrirse paso. Y al girar rápidamente la cabeza, de nuevo me recibe nadie.

Hoy debe volver de su largo viaje, acortar esta distancia de 6 lustros y 7 males que nos alejan, pero ahí siguen las olas embravecidas y enmarañadas. Las veo retorcerse a través de la ventana, incapaces de seguir corriente alguna que logre apaciguarlas. Como siempre, fiel reflejo de mi alma. 

Mal. La cosa pinta muy mal. 

jueves, 9 de febrero de 2012

Me sentaré una última vez



Me encanta este sillón. Siempre me ha gustado. Creo que desde la primera vez que estuve sobre él, en el seno del vientre materno, protegida y calentita. Años más tarde, cuando llegaba del colegio, se convertía en un peculiar barco de vapor, con la chimenea del puro de mi padre inundando su contorno y otorgándole un aura misterioso y mágico. En Navidad, aguantaba el peso de los grandes regalos, aquellos que no podían ser vistos desde el pasillo y, cada tarde, sostenían sus brazos los pies de mi hermana que, desde su gemelo de tres plazas, comía pipas a diestro y siniestro, como un pájaro aburrido, sin ganas de volar.  Ahora lo quieren abandonar en la calle. Lo donan para una nueva cafetería vintage que recoge mobiliario de cualquier material y época. Parece ser que lo irregular y desconjuntado es lo que queda ahora más “cool”. Pero volviendo al sillón. Este fantástico sillón de cuero falso, con un agujero a la derecha del cabezal y una pata coja. Un auténtico lobo de mar. Que sí, es un objeto, lo sé. Pero aunque inertes, las cosas pueden cobrar vida por todo lo que se vive con y por ellas. Como aquél hombre de hojalata que consiguió un corazón a fuerza de amar. Por eso no puedo disimular esta pena. Porque con él zarpan algunos recuerdos en los que siempre es necesario atracar.

domingo, 5 de febrero de 2012

Cascarrabias


 Cascarrabias era un mago particular. No vestía túnica ni tampoco era larga ni canosa su melena. De sombreros puntiagudos, bastones poderosos o varitas mágicas, también sabía bien poco. Sin embargo, aunque calvo, con pantalones vaqueros y camiseta a cuadros, Cascarrabias seguía siendo un mago. Y, les aseguro, que de los más poderosos.
Suele ocurrir que quien alardea de sus innumerables cualidades es porque, verdaderamente, carece de ellas, pero esta verdad suele permanecer oculta para las mentes más ingenuas. Por eso, el joven Cascarrabias, que no solía hablar de sí mismo ni de sus más exitosos logros, pasaba, a menudo, totalmente desapercibido. Y así, sus extraordinarios poderes, quedaban también en el anonimato.

Sin duda, había un objeto que caracterizaba a nuestro protagonista: un singular paraguas. Poco importaba que el cielo se extendiera límpido sobre su cabeza o que el sol ardiente le cegara a través de las ventanas. El ritual era sencillo: justo antes de salir de casa, Cascarrabias alargaba la mano y lo atrapaba, moviéndolo adelante y atrás ceremoniosamente, mientras bajaba las escaleras de la entrada.
Pero centrémonos en ese paraguas. Alargado, puntiagudo, de un violeta casi malva. Con  un mango dorado que conjuntaba con las pequeñas perlas que tensaban sus alambres. Inflado por el medio, pomposo en sus faldas, elegante y señorial, propio del más ilustre caballero, aunque bastante estrambótico, pues Cascarrabias lo combinaba con sus  all-star y su i-pad.
Llegados a este punto, todos estarán preguntándose de qué es capaz este mago tan original. Ya batallan en nuestra imaginación grandes hazañas: la invisibilidad, el hálito de fuego, la ubicuidad, el supremo control del Universo…pero quizá hemos sido más ingenuos de lo que pensábamos. Hemos pasado por alto las simples y claras palabras.

Porque tal y como anuncia su nombre, gracias al mago Cascarrabias, se han resuelto en el pueblo más de veinte disputas, siete rencorosas patrañas y un centenar de envidias encofradas, como de nueces se tratara, liberadas por el ágil punzón del hábil paraguas.
Y si todavía no has adivinado, después de la rima y estas rebuscadas palabras, a qué se dedicaba el joven Cascarrabias, no me queda más que decirte, amigo, que te tomes siempre todo con calma y que si el fragor de los odios acude presto a enmarañarte el alma, estés atento y lo liquides con tu carcajada más larga, porque corren tiempos de mucho trabajo para este joven mago, Casca-rabias.