jueves, 1 de marzo de 2012

Instantáneas de personas 5: el disfraz de Jaime

Vaya carnaval más perro. Verás, esta mañana, me he pasado dos horas ante el espejo restregándome la piel del rostro, y sigo estando sucio. Anoche me pinté una raya negra en el ojo tan gruesa que pendía suicida desde el lacrimal hasta el acantilado de la cuenca de mis ojos. Creo que se ajustaba perfectamente al permanente antifaz de mi mirada. 

Quería impresionar. No ayer, ni hoy, sino siempre. A ti, a los del trabajo, a los antiguos, a los "ex", a todos, incluso a mí mismo. Y ya no hablo de armarios ni de confesiones familiares. Más bien de lo que hay detrás, del aceite que se esconde en el candil, pero que prende la llama. Seguramente del imán despreocupado y vital que una vez consiguió atraerte. 

He hecho una gran actuación estelar...digna del protagonista interesante y atractivo que todo quieren tener a su lado, pero ¿sabes? no me siento nada orgulloso. Y después de esta semana en la que he sepultado la claridad de mi risa con tantas máscaras de purpurina, he acabado por derrumbarme. Se ha desmoronado a mi alrededor, el decorado de todos estos años y, de pronto, me he encontrado en mitad del escenario completamente desnudo, cegado por el foco central, escrutado por la mirada inquisitiva de mi conciencia, que me pregunta con su habitual y fatal insistencia: ¿y ahora qué? 

Ahora no me asusta lo que he de perder: tú, los del trabajo, los amigos "cool", el reconocimiento...Verás, esta mañana, no me quité un disfraz. Me quité hasta diez.

No hay comentarios:

Publicar un comentario