martes, 15 de mayo de 2012

Mayo Feliz


Mayo nunca me defrauda. Mayo siempre me sorprende. De repente, aparece y te pellizca el ombligo, te inyecta las ganas, y ya nada vuelve a ser igual. Este año, como siempre, no lo esperaba.  Vivía al ritmo de las ansiadas lluvias de abril y los 200 kilómetros/hora de mi compañera del turno de coche. Así fluía el disparate en el insti, en espiral y hacia todos lados. Y yo, temblando, aguantando el imán de la tranquilidad, rebuscando la carcajada que ponía de nuevo todo en su sitio. Y cuando ya estaba totalmente engullida por la vorágine, recibo un mensaje de Mayo: que “¿en qué coño estás pensando? ¿Qué en qué cajón metiste el espíritu? ¡Muchacha! (porque Mayo habla canario), ¡que te estás ahogando en un vaso de agua y naciste con manguitos!” ¡Ah, sí! Los manguitos optimistas, los llevo siempre, pero a veces se me olvidan. “¡Anda que…!” Me dice burlón. Y yo le contesto: “Pues vaya”, y me encojo de hombros. A ver con lo que me sale, porque ya sé de que esta no me libro. Y, entre tú y yo, la verdad es que me encanta.
 Pues nada, a Córdoba se ha dicho, que no habrá vergüenza ni ridículo que se atrevan a pararme la invención de estas sevillanas y si llego a la cama y no puedo dejar de palmetear, pues sigo haciendo ejercicio. Total, más que los músculos de la cara y las abdominales, imposible, porque ¡qué peshà a reír, illo, a rebujitos y flamenquitos y amistades entre primas! Aquella vez fue de las mejores de Mayo. Ahí empezamos a intimar.
Luego, atracó el año que me dejó más o menos tranquila, animando el estudio con un concierto y dos, y tres, y un baño en Las Canteras, aunque el tiempo esté nublado. “Que no está nublado”, me dijo, “que esto es pansssa de burro”. “Pues vale”, le dije esta vez. Un partido de palas y al agua. ¡Qué fresquita!
 La siguiente se quiso hacer el interesante.  Me dio unos billetes, pero luego me puso a trabajar como una esclava. La responsabilidad y la diversión, ¡cómo me costó decidirme! Y logré combinarlos. Volaba aquella vez lejos, casi saltaba de contenta entre las nubes, porque en tierra se quedaban el turno de mañana y el de tarde, la segunda carrera y los tres trabajos y, encima, las esposas de unas oposiciones. ¡Cuánta locura, por Dios! Así que no me lo pienso, ciao ragazzo, mi chiamo Patrizia, tanti baci e bacione e passeggiate per non dimenticare mai. Más bien un ragazzo per non dimenticare mai. ¡Qué bocanada de aire! Me tumbo en el prato con un gelato, cierro los ojos en el vaporetto y me sumerjo en otros de un color de aceituna, como esta que flota en el spritz que compartimos ahora. Dopo, abro el bombón perugino y me suelta: “Bacio non dato è bacio sprecato”. Pues ¡ea!, ya está, me lo guardo en el bolsillo y a aplicarse el cuento.
Pero bueno, ¿y ahora qué me traes?, le repliqué enfadada el año pasado. “Para una valiente como tú, un reto” Y ahí lo dejó, sobre la alfombra de colores de mi salón y el sillón verde,  que tanto me costó elegir en Ikea. Al menos, me miró antes de salir por la puerta y me lanzó un colorete, una maleta llena de vestidos y un sobre en el que decía: Esta se la dejo a Verano. Ya verás que no va a ser tan malo. Y no fue bueno, fue prácticamente genial. Mayo nunca me decepciona. Mayo siempre me entiende.
 El caso es que el relevo con Verano me había dejado confundida y volvía a estar yo, a estas alturas del calendario del 2012, igual que siempre: cuestionando los detalles y recapitulando hasta los senderos por los que no había transitado. ¡Qué pesadilla! A veces, puedo ser una verdadera plasta. Y cuando ya me estoy flagelando, aparece con su sonrisa. Me manda de viaje, como casi siempre, para revolucionarlo todo, para sembrar la semilla del cambio. Y esta vez se ha lucido. Me ha lanzado un cubo de agua fría, porque ¡ozú qué caló! Me ha zarandeado de un lado a otro, me ha quitado la venda y me ha empujado hasta el borde del lago. Y cuando me he atrevido a mirar, allí estaba todo: el amor incondicional y pasional, la seguridad en mí misma, los sueños de antaño, el mapa, la cámara de fotos, la libreta ajada y el futuro asomando prometedor tras una esquina. “Pues fíjate”, le dije esta vez. Y no pude parar de reírme. Si es que cuando me empieza la risa boba, no puedo parar. Y, entre tú y yo, la verdad es que me encanta. ¡Qué bueno! Lo dicho: Mayo feliz o, más bien, Feliz Mayo. 

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