miércoles, 13 de junio de 2012

Instantáneas de personajes VII: "El abandono de Paula"

No quiero que te vayas. Son sólo cinco palabras, sin tildes ni precipicios ortográficos. Nada que una experta en lenguas no pueda afrontar. ¿No es así cómo me nombraron, recién titulada? ¿No repitieron y "tripitieron" que el traductor era un malabarista de las letras? ¿un artista en trasladar las imágenes y las mentes más extrañas? ¡Ah, no! Que al final acabé siendo oficinista, por conveniencia y por cobardía, lo admito. 

No quiero que te vayas. Son sólo 18 letras, pero ahí están enganchadas, supurando como piercings clavados en mi estómago y en mi páncreas. Y tengo que confesar que he sido yo misma quien las ha ido arrojando por los barrancos, quien las ha ido arrancando a tiras de mi piel, mientras subo esta montaña. Y voy directa hasta el punto más alto, allí donde me azote el vértigo y donde vienen a desestabilizarme todas mis fobias, que desgastan mi belleza y me dejan exhausta, pero sigo viva. 

Puedo sacrificar un brazo, medio corazón, incluso desprenderme de mi sonrisa o de la luz de mi mirada, que siempre han sido la espada en todas mis batallas. Voy a recomponer este cuerpo físico, aunque ahora mismo todas mis células sean lágrimas y esté derramada, como un charco sucio y roto, sobre la calle, mientras me dices que te marchas. Y ya lo sabía, y lo teía, porque de toda la baraja, ésta era tu mejor carta. No me habría perdonado nunca el robártela. Pero es que ya son tres los abandonos. ¿No era éste el número definitivo? ¿El final de las desgracias? 

Ahora me abrazas, me besas, me aseguras que esto no va a cambiar nada, pero no te das cuenta de los nubarrones, de las cigarras, de las veinte plagas de la distancia. Ya lo sé, mi amor, ya lo decía aquél cantante uruguayo, que escuchábamos ensalitrados con un vino, después de los días de playa: que ama el que no amarra. Y si hay bandera que quiera enarbolar al llegar a la cima de esta montaña es precisamente esa: amor y calma. Ahí se quedarán sepultadas estas cinco palabras, transformadas en la esperanza de esta realidad que nos separa. 

Voy a conseguir llegar hasta arriba. Voy a lograr dejar que te vayas.


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