lunes, 25 de marzo de 2013

Bendita Marieta - Capítulo 1



El día que Marieta, la de Chenza, iba a casarse, no llevaba suyo más que la propia piel y su sonrisa única, que se asomaba apretada y temblorosa por debajo de su nariz perfecta y afilada. La vecina Maruca le había prestado los pendientes que le brillaban entre los cabellos atufados. Su tía, que había venido hacía pocos días de Caracas, la pulsera y el anillo, a juego, que ella se esforzaba continuamente en mantener a raya, pues era tal la delgadez de su hechura que, si se descuidaba, las pocas joyas que lucía se escurrían por entre las dobleces de su vestido, rumbo al pasillo amarmolado que le aterrorizaba recorrer. Del vestido, se habló que no era blanco, sino beige. No por virginidades mancilladas, sino por las caprichosas circunstancias. Aquella había sido la única tela que su hermana mayor había podido remendar, noche tras noche, al candor de una vela consumida, que le había hecho pincharse con la aguja más de quinientas veces. Y así todo, no fueron las costuras atropelladas de su vestido, ni el brillo de los abalorios los que llamaron mi atención cuando pasó, seguida por el séquito interminable de sus primas y hermanos, por delante de mi casa, rumbo a la Iglesia. Lo que me dejó sin habla fueron sus pestañas. Las llevaba tan largas y oscuras que habían ido dejando su rastro en la cuenca de sus ojos, engalanando su mirada con un exotismo tribal que a Marieta no le hacía falta. Porque era ella de esas personas que hipnotizaban con su mirada. Desde chica, refulgían sus pupilas, emanando un exceso de energía vital que los que estábamos a su lado nos peleábamos por inhalar. Y también a veces su mirada nos hablaba. Aquél día, mientras caminaba hacia uno de los grandes puntos de inflexión de su vida, sus ojos, para mi absoluto estupor, clamaban auxilio y gritaban algo así como “estoy aterrorizada”. Por suerte, sólo volví a verlos así de asustados dos o tres veces más. Y nunca con aquella intensidad y pavor. Nunca hasta hace dos días.
Éramos ya medio pueblo el que se había juntado en el patio de casa de Doña Esperanza, a la que todos conocían por Chenza, cuando Marieta salió por la puerta, pálida y ojerosa, casi tan flaca como antes. Había hecho un repaso veloz a los que allí estábamos, sin cruzar mirada con nadie, lejana y ausente. Buscaba a su sobrina Rosaura. Estaban preparando a Chenza y quería que ella la ayudara a maquillarla. Llevaba un lápiz de ojos en la mano izquierda. El mismo que utilizó para apuntarme, cuando me descubrió entre las beatas, e indicarme que pasara.
-         Marieta, me manda el Cura – la mano del monaguillo se interpuso entre la puerta y nosotras – Que si doblamos ya a muerto.
-         ¿Aún no ha venido el médico a certificar la muerte y ya quieren doblar a muerto? – le temblaba la comisura del labio derecho- pues que doblen, ¡yo qué sé! Que hagan lo que quieran – contestó ella, airada.
Creo que no debería haber entrado. La casa estaba aún más llena de gente. En la cocina, hervía un caldero lleno de bolsas de infusión de tila. Los llantos de la hija soltera retumbaban como letanías interminables entre las paredes, rebotaban contra las figuritas de porcelana y se colaban entre los libros de la biblioteca. Marieta se adentró en el pasillo. Por fin, habían encontrado el pintalabios y el traje que tanto le gustaban a su madre. Chenza era una vieja de lo más presumida y jamás les habría perdonado a sus hijas que no la acicalaran el mismo día de su muerte. Al cabo de un rato, Marieta salió llorando. Le agarré la mano y le repetí lo que decían todos: “ya descansó”. Pero sabía que no podía consolarla.

domingo, 10 de marzo de 2013

Acento y prejuicio: cambios sociales para cambios lingüísticos



Se habla estos días en clase de la riqueza y variedad lingüística del español. Un español polifacético, caracterizado por una multitud de acentos que actúan como sello personal del sentir y la cultura de los más de 20 países en los que es lengua oficial.

Para el hablante de España, sería pretencioso pensar que su variedad (que representa, según las estimaciones de la ONU, sólo el 9% de los hablantes) se mantiene imperturbable e impoluta en todo el mundo hispanohablante y que evoluciona al mismo ritmo que en lo que fuera la metrópoli, arrastrando las cadenas que lleva toda colonización, sea antigua o reciente. 

Afortunadamente, esto no es así y en España somos cada vez más conscientes de que hay una lengua española más allá de la nuestra, con palabras diferentes por realidades diferentes o con palabras distintas para mismas realidades. Aceptar que no somos iguales es ya un primer paso. El segundo y más importante es respetarlo. Sin prejuicios ni escalas de valores. Y es aquí donde nos queda mucho por hacer.

Empecemos por la RAE, cuyo lema abrillantador (“Limpia, fija y da esplendor”) acaba siempre sutilmente jerarquizando las variedades y dejando a un segundo plano el southamerican style. Tomemos una simple prueba: teclemos www.rae.es y consultemos el diccionario de americanismos…Error, no es posible. Sólo encontraremos una descripción perfecta para la galería, pero el diccionario real ¿dónde está? it’s missing. ¡OH MY GOD! Ya van siete palabras en inglés ¡Sacrilegio! Se nos olvidó otra vez que la riqueza no está en la pureza sino en el mestizaje. Regresando a la RAE y a su espíritu conciliador, ¡qué bonito queda decir que el español es el 2º idioma más hablado del mundo! Pero qué poco se integra en la práctica a todos sus hablantes.

De la institución a la calle, de donde vienen los problemas y también las soluciones. Les haré tres preguntas y ustedes respondan lo que consideren conveniente: aceptable, casi aceptable o inaceptable. Tómense su tiempo y piénsenlo bien.

Alrededor de 18 millones de alumnos estudian español por todo el mundo, ¿elegimos un español artificial y estándar para las clases de ELE? Aceptable, queremos que nuestros alumnos puedan comunicarse vayan donde vayan. Ya se encargarán la práctica y la inmersión lingüística de ayudarlos a ser más naturales.

¿Mejor utilizar una variedad específica de español para los anuncios publicitarios? Casi aceptable. Reconozcamos que tendría menos tirón si nos vendieran los cereales en mejicano (a no ser que se fabricaran con frijoles y guacamole).

¿Qué el periodista deba pulir su acento para redactar la información en televisión o radio? Inaceptable ¿o es que es menos creíble la noticia contada en acento canario que en castellano norteño? Si usted lo cree así, le diré que lo que tiene son prejuicios. Prejuicios, señores, estereotipos y etiquetado sin fundamento alguno.

Acento y prejuicio. Esta es la novela del mundo hispanohablante. Observen, por ejemplo, lo que ocurrió con este anuncio de Cola-Cao en el que un niño de las Islas Canarias (con su “acentazo” autóctono), contaba su experiencia con el surf como excusa para ensalzar las cualidades de este producto alimenticio.

 Su forma de hablar resultó ser demasiado auténtica y provocó más de un centenar de entradas en google con comentarios discriminatorios o grupos de Facebook con más de 2000 seguidores, que llevaban por título “cambio tabla de surf por un logopeda para el niño del Cola-Cao”. El caso sirvió de excusa para otros programas que aprovecharon para demostrarnos que el choque lingüístico viene dado por diferencias culturales y palpables. Les dejo un extracto del programa “El intermedio” donde Wyoming y Dani Mateo se burlan de los canarios. Un mismo tipo de “broma” que realizaron también con los andaluces y los gallegos.

  Hace unas semanas, en otra asignatura del máster, unas compañeras sacaban a debate la necesidad de diferenciar el género en la lengua como forma de integración para las mujeres y nos cuestionábamos qué suscitaba verdaderamente el cambio: ¿la lengua o la cultura? Visualizando estos vídeos, se me ocurre que quizá con los acentos suceda lo mismo. Nuestros hábitos lingüísticos no admiten la diversidad, porque la sociedad tampoco lo hace. Puede que todo se reduzca a un cambio de conciencia. 

La verdad es que me cuesta creer que, tal y como decíamos estos días en clase, el acento canario esté muy valorado porque se considera puente de conexión entre América Latina y Europa. También cuesta creer que responda al teléfono de una compañía española una operadora sudamericana y la tomen en serio o que la riqueza de acentos del español esté cada vez más presente en los medios y las altas esferas de la norma lingüística. Cuesta creerlo, pero ojalá sea cierto.

sábado, 2 de marzo de 2013

Catarsis

Tardé tiempo en aprender 

que era más importante levantarse que caer

que valía menos tener la duda que tomar la decisión

que no era ingenuidad sino coraje regalar una nueva oportunidad

que no funcionan los consejos, ni las teorías ni las comparaciones

que la vida se teje paso a paso, beso a beso