domingo, 26 de mayo de 2013

"Chacayca" - Rafael Yanes Mesa

Con mujeres, insectos y otros animales se perfila página a página la novela "Chacayca", del escritor tinerfeño Rafael Yanes Mesa. Aunque ambientada en un pueblo isleño ficticio, el lector canario se sentirá identificado, desde el primer momento con Güimar, municipio natal del autor. Con descripciones minuciosas y un entramado de historias truncadas, Rafael Yanes nos introduce, con la parsimonia propia del escenario de su narración, en un mundo en el que las desigualdades son tan profundas como la tierra que las sustenta. Distribuida en 20  capítulos, la historia nos relata las desgracias y las aspiraciones de los lugareños, especialmente de las mujeres, que cuentan con un especial protagonismo en toda la novela. Seña Paula, Macrina, Eufrasia, incluso Eugenia ponen nombre a la discriminación y la sumisión de la mujer en un pueblo en el que las costumbres y las jerarquías son difíciles de destruir. 
En sus 185 páginas, Rafael Yanes consigue hacernos partícipes de la tristeza que parece sustituir al oxígeno en Chacayca. Una literatura aparentemente sencilla, plagada de pequeñas joyas. Sin embargo, existe cierta discordancia en el ritmo de la novela, con capítulos de mucha carga que acaban liquidados con demasiada premura. Quizá, falte también conexión entre la descripción y la acción de algunas historias de las que, sin duda, el lector se queda con ganas de saber más. 
Son destacables también algunas de las reflexiones maravillosas que transpiran los dramas de Chacayca, de las que hemos querido dejar aquí una muestra:

"Sólo cuando escribes puedes aclarar tus ideas. Plasmar por escrito un sentimiento es hacerlo realidad. Escribir es el refugio adecuado para el desahogo de sentimientos no confesados, para soñar ilusiones, para no borrar los recuerdos infantiles y, por supusto, para expresar nuestro inconformismo. La escritura es lo único que logra que esas emociones impacten incluso en las personas que nunca tuvieron la capacidad de apreciarlas ante sus ojos. Esa es la belleza de la literatura. Hacerle llegar a los demás sensaciones que estaban al alcance de su vista, pero que no supieron percibir- le había dicho con su voz pausada y grave". pág 81. 

"Cuando no hay sol, el polvo duerme y no reseca el aliento. La oscuridad es la mejor aliada del caminante. No permite que nada lo distraiga. Obliga a concentrar su esfuerzo, y el aire, mucho más limpio, acrecienta las ganas de seguir. La claridad, por el contrario, ilumina para frenar los impulsos que rompen las normas". pág 136.

"Eufrasia cree que los lugares no son como los vemos. En nuestra retina quedan las imágenes que tenemos conocidas, y por eso, a veces, la belleza no es apreciada en su integridad. Tienen que venir personas de otro lugar para hacernos comprender la verdadera magnitud de lo que tenemos delante". pág 144.

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