sábado, 15 de junio de 2013

La verdadera definición de las temibles "patas de gallo"

La madre estalló en carcajadas, doblada sobre sí misma, asfixiada de risa. 
- ¡Mamá! ¡no sonrías así! ¡que se te arrugan los ojos! - le gritó asustada la hija adolescente desde el sillón, contemplando horrorizada cómo se surcaba la piel del rostro de su progenitora. 
- ¿Qué? - acertó a contestar ella, cuando pudo recuperar el aliento- Pero, ¿qué dices,Aurora? ojalá pudiera reírme así todos los días, aunque sea un poquito. Es mejor eso que estar siempre seria y aburrida por evitar dos o tres arrugas ¿no te parece? - Y besó la frente de su hija, que también estaba arrugada, pero de incomprensión y dependencia a un culto al cuerpo equivocado. 

Patas de gallo: 
trazas de felicidad
señas de autenticidad
la marca de haber mirado de frente la luz de la vida


miércoles, 12 de junio de 2013

Bisturí para latir más fuerte

"Se quitó la muela del juicio y perdió la cabeza...
- ¡Ya era hora! - gritó el corazón tomando la delantera"

domingo, 9 de junio de 2013

El mejor lugar para escribir

Siempre pensé que empezar la frase con aquello de "el mejor" o "la mejor" no podía traer nada bueno. Y, sin embargo, a veces es inevitable que busquemos "lo más" o "el más" y, sobre todo, "la más" para exprimirnos todo el jugo posible y seguir aún intactos. 
Les vuelvo a hablar de escribir: esa afición, medio, tarea, terapia, necesidad y arte que nos frustra por su volatilidad y sus exigencias invisibles. 
Una vez el escritor asume que reprime en su rutina sus ansias de escribir y toma la decisión de plantarse en el medio del blanco para dejar fluir primero lo contable y luego lo interesante de su pluma, surgen dos problemas constantes: cuándo y dónde. 
Seguramente, el cuándo no ocupe espacio en la agenda ni el calendario. Normalmente, escribir es aquello que relegamos al final de la lista de las cosas que hacer. Es la primera contradicción del autor: saber a ciencia cierta el placer que le produce una tarea y, a pesar de ello, postergarla y evitarla, a veces, demasiado tiempo. 
Pero es que escribir, aún siendo nuestra mejor manera de expresión, nos supone un esfuerzo. No es fácil traer de vuelta a los fantasmas y las desventuras que luchamos, día a día, por esconder. Cuesta darle forma a las palabras que describen la realidad ficticia que queremos contar. 
Por eso, es bueno dar con el entorno perfecto en el que poder escamarnos sin temor y dejar a la luz la dermis y la epidermis literaria que ignoramos tan a menudo. 
Afortunadamente, como en todo proceso artístico, no existen fórmulas exactas ni pociones mágicas e inspiradoras. Es uno mismo quien debe emprender la búsqueda del sitio perfecto que, si tenemos suerte, puede no ser sólamente uno.
Cafeterías- donde convertirnos en el cliente bohemio- bancos del parque-  donde ser etiquetados como raros- Despachos vacíos o repletos -para seguir siendo el miembro de la familia soñador e idealista. Quizá, el baño o el sofá o un asiento del metro. Todo vale. 
El menú es variado e interminable y hay platos para todos los paladares, pero si tuviera que elegir, sin duda mi elección sería esta: de primero: un transporte público. De segundo: una cafetería tranquila con música suave y, de postre, la mesa de la cocina, a esa hora de la noche en la que la quietud del mundo dormido me deja escuchar todo aquello que yo misma tenía que contarme.

¿y tú? ¿Cuál es tu "mejor" sitio para escribir?