martes, 15 de abril de 2014

La laguna esbrújula: un nuevo método de orientación para los que les gusta perderse

Ya está en las librerías "La laguna esbrújula", una singular rosa de los vientos literaria que nos invita a darnos un paseo inolvidable por las calles de San Cristóbal de La laguna, en Tenerife (Islas Canarias, España). Compuesto por 15 relatos y fruto de la pluma de sus 14 autores, "La laguna esbrújula" ofrece un mapa (y esto es literal) a sus lectores, animándolos a que se sumerjan en las variopintas historias que se cuelan entre los adoquines y verodes de esta ciudad Patrimonio de la Humanidad. Sin necesidad de seguir un orden establecido, esta colección de relatos concede el protagonismo al lector quien, con mapa en mano y ganas dispuestas, podrá elegir embaucarse por el amor, el misterio o los sueños de estos personajes "esbrújulos". No es indispensable conocer esta ciudad para recorrerla de la mano de este colectivo de escritores emergentes. Si se lee con atención, disfrutará de sus  páginas abriendo y cerrando puertas para asomarse desde el tejado de aguere a la vida que llevan las personas circunstanciales, personas como tú y como yo, que anhelan un amor de franela y persiguen rescatar los sueños de sus entrañas. En definitiva: "Poor people", como diría algún marqués políglota, mientras aspira las flores de un convento cercano. Aquél que se encuentra justo en frente de la plaza de color cabra, ese color indefinido del que se tiñen las ilusiones cuando las pequeñas estrellas se hacen grandes. Entonces, conforme el lector avance por mi calle lagunera y recuerde sin querer lo que vivió en sus años de estudiante, se percatará de que todas esas marcas hendidas en el transcurrir del tiempo sucedieron también en San Cristóbal de La laguna y, quizá, como diría el personaje en la historia nº 13, pronunciará mientras acaba el libro sonriente: "Jodido soplete, nada pasa por casualidad"
+Confío en que el lector avispado haya sabido descubrir en estas últimas líneas los títulos de las historias que le esperan con impaciencia en "La laguna esbrújula".

¡Que lo disfrutes!

Transtroica: la palabra inventada de Javier

Solía escuchar sus tacones cada mañana, martilleando desde las tres de la madrugada el techo de mi apartamento. Vestí ropas viejas, que compraba los domingos en el mercadillo de Plaza Nueva. Colores y telas absurdas que sólo combinaban con la mueca retorcida que ella siempre sostenía en la cara. En el barrio, la llamaban la rara y es cierto que era extraña, más bien auténtica, singular, "estrambótica", original y otras palabras similares que acaban por concluir que era única. Como aquella palabra que leí por azar en el libro que aguardaba junto a la cama de hospital en la que mi padre moriría horas más tarde. Transtroica, decía el primer párrafo del capítulo 9. Transtroica, sí, como mi vecina.