viernes, 16 de mayo de 2014

El explorador incansable

La primera vez que usó el telescopio, no había luna. Y, sin embargo, pasó toda la noche buscándola. 
"Que no la vea no significa que no esté ahí", respondió cuando el padre lo miró con reprobación.

Criadas y señoras: despertar el coraje

Ser valiente puede que sea una de las cosas más complicadas de la vida. Cada día, se nos presentan decenas de ocasiones en las que, en función de nuestras decisiones, somos más o menos atrevidos. Hay dos factores que determinan en gran medida nuestra capacidad de reacción: el estado de ánimo y el contexto. No es lo mismo pretender ser valiente partiendo de un "estoy alegre y motivado" que de un "estoy triste", "cansado" o "impertinente".  Tampoco es comparable tener agallas frente a tu jefe, tus amigos, tu familia o tu pareja. Sin duda, la presión del "qué dirán" y las rutinas ejercen un freno constante a nuestro "yo"valiente. Romper con el guion establecido vale su precio y el miedo a perder un estatus, una credibilidad o unos favores suele paralizarnos.
Hago esta reflexión después de disfrutar de la excelente película "Criadas y señoras" (The Help, 2011), adaptación cinematográfica de la novela del mismo nombre (Kathryn Stockett, 2009) en la que una joven escritora, interpretada por Emma Stone, se atreve a desafiar a la sociedad de los años 60 en la que ha sido educada para dar voz a las mujeres negras que trabajan como criadas en las casas de las blancas. El regreso a su pueblo natal, ubicado en la zona del Mississipi, le hace tomar conciencia del trato vejatorio que las señoras de su barrio ofrecen a sus criadas. Las desigualdades e injusticias son cada vez más evidentes, como el hecho de no poder usar el mismo baño entre blancos y negros o el vacío social al que las aristócratas blancas someten al servicio. Libreta en mano, el personaje de Skeeter consigue convencer a varias criadas para que le cuenten, de forma clandestina, su historia y su versión de la realidad. Al principio, nadie se atreve a decir nada, por temor a las represalias (cárcel, persecuciones, palizas), pero poco a poco el número de criadas voluntarias es más numeroso y el coraje comienza a despertarse en todos los corazones. Esta historia sencilla, contada con humor y ternura, conmueve al espectador por su sencillez y su honestidad. Es inevitable dejar escapar alguna lágrima al ser testigo de la discriminación injustificada que ha sufrido la población de raza negra en una época tan cercana a la nuestra. A pesar de tratarse de un tema conocido por todos, "Criadas y señoras" sorprende por la cotidianidad de sus escenarios y por la excelente interpretación de todos sus actores. Una historia que nos habla de ser valientes, de ir contra corriente y de plantarle cara al destino por nuestros valores y principios. Si aún no la has visto, muy recomendable. 

lunes, 12 de mayo de 2014

Aprendizajes innatos

"El camino era cuesta arriba, pero para eso había nacido en una isla llena de ellas"

Arrugas y derrumbes

Tras la armadura plomiza de éxito y certeza, Marina está cubierta de llagas.
Camina por el pasillo de la empresa con la seguridad y firmeza que la caracteriza. Si no la conociera, no dudaría en decir que está contenta. Fue aquella arruga minúscula junto a su barbilla la que llamó mi atención: una mueca escondida tras la máscara de "todo va bien" que nos demuestra que tras todo payaso, hay una persona. Observé cómo esa arruga se difuminaba mientras se cruzaba con los compañeros. Un papel representado a la perfección.
Esta tarde, la encontré sentada en la parada del tranvía. Vestía su habitual traje de falda y chaqueta, impoluto y con la apariencia de recién planchado, pero luego...de nuevo esa arruga, como una pequeña bombilla roja que parpadea incesante para avisarnos de que hay un fallo en el circuito. Por eso, me acerqué sonriendo (ella, ni siquiera se recompuso. La alarma era inminente, pensé) y pregunté: 
- ¿Estás bien? últimamente, te noto más apagada. ¿Qué te pasa?
Entonces, pude verla. La piel de Marina desintegrada, el corazón desmigajado y los párpados hinchados. Se vino abajo el castillo con una simple pregunta, pero a veces hace falta derrumbarse para poder construir de nuevo.