domingo, 28 de diciembre de 2014

Dardos que insuflan ganas

Los amigos, los verdaderos, son la mejor inyección de energía y motivación. Para una afición como la escritura, a menudo desapercibida y falta de atractivo, los amigos son indispensables. Se convierten en tus mejores lectores, críticos pero leales. Sus comentarios, la mayoría privados pero valiosos, llegan siempre en el momento oportuno.Es lo que yo llamo el "indicador emocional telepático" que desarrolla toda buena amistad. Perfectos para insuflar ganas y remover desganas.  A veces, es un simple: "me encantó", otras: "el último me pareció con poco fondo" o "cada vez los escribes más cortos", muchas veces: "¿cuándo vas a escribir la continuación?" o "Ayer, recomendé tu blog" o "¿por qué no escribes más a menudo?".  Todos ellos, sin excepción, han permitido que el tintero siga derramándose durante estos cuatro años. Imposible reunir el oxígeno para gritar el GRACIAS que se merecen. Y, aún así, me desgañito y espero que se oiga: GRACIAS. Gracias, especialmente, a una gran escritora y amiga: Marta García Rodríguez que, a través de su magnífico blog www.fotoletreo.com, me ha concedido, durante esta semana, la nominación para los Premios Dardos: un reconocimiento simbólico entre blogueros que premia la creatividad, dedicación y cariño invertidos en mantener un blog.  Esta bonita iniciativa permite apoyar y dar a conocer, entre la grandísima cantidad de webs y publicaciones que tenemos a nuestra disposición, aquellos blogs de calidad que se esconden en la red. Blogs como www.laruecadeaurora.blogspot.com;http://juanmanuelsanchezmoreno.blogspot.com.es/ o www.lavidaensorbos.blogspot.com  que nombro, en este post, como mis candidatos personales para la obtención de estos premios. Les paso el relevo y, espero, también el empuje para seguir escribiendo.

A la carga

El teclado rompió el silencio.
 Llevó al paredón a la apatía y a la hoja en blanco.
Sus disparos se escucharon toda la noche.
 

martes, 16 de diciembre de 2014

Un cielo sin techo


El estallido se escuchó en toda la calle. Duró un parpadeo. El breve instante de humedecer la pupila, que se ensanchó de inmediato, negra como el firmamento. Las farolas languidecieron, abandonándose a la oscuridad y la exclamación se tornó redonda en los labios de cuantos habitaban las viviendas vecinas. Aurora soltó el libro. Se incorporó de la cama y abrió la ventana a la noche fría. Fuera, no había más que negrura. Miró a ambos lados y cerró de un ventanazo, corriendo a rebuscar en el cajón de la cocina dos o tres velas gastadas. Alumbró de un bufido la habitación y frunció el ceño contrariada. 
La noche asomó por tres veces la calle de Aurora. Faltos de luz, se presentaba al atardecer como una desconocida que desbarataba sus vidas, reduciendo su campo de acción a pequeños enfoques. 
La cuarta noche, cansada de inventar nuevas rutinas, salió a la calle decidida a presentar una queja. Al principio, sintió miedo. Le costaba ver lo que había más allá de un metro. Su paso enfadado perdió velocidad y sorteó, con dificultad, los pasos ajardinados de la acera. De nuevo, el estallido. Paró en seco. Miró hacia arriba despotricando contra el ayuntamiento, la entropía y el mismísimo Edison. Fue entonces cuando se percató de lo que había encima de su cabeza y su mirada rompió el techo invisible que cubre la estatura de todo ser humano corriente. Se achicó su pupila, intimidada por tanta belleza, sonrojada por el guiño de las estrellas. 

Be baobab, my friend

enraizarse 
pero crecer en todas direcciones 
estirarse al sol
ser robusto
 ramificar el entusiasmo
 brillar con verde esperanza
verde vida 
verde naturaleza
 oxigenarse
regresar los pies al terruño 
para luego tomar impulso con más fuerza
 soñar con otros bosques
 acariciar el cielo
vivir
 vivir con ganas
 vivir sin miedo a nada.