sábado, 28 de febrero de 2015

¡Todos a sus puestos! - de un microrrelato a intento de relato


“¿Qué hace el secador en la nevera?” – pregunta él semidesnudo al fondo del pasillo. Su voz resbala sensual hasta la habitación donde ella duerme desmadejada, ajena a las horas previas que la han conducido hasta esta cama atiborrada de ron y despecho. “¿Y estas macetas en la bañera?”– regresa la voz, ahora desde el cuarto de baño. Ella recompone el rostro, un ojo azul arriba, el marrón a un lado, la máscara de pestañas difuminada a trazos irregulares por el cuello y por parte de sus articulaciones.  “Oye, ¿Tienes costumbre de ducharte con lavavajillas?” Interroga de nuevo él desde la puerta, chorreando la moqueta y envuelto en un paño de cocina. Tamara se pone en pie y se masajea ligeramente las sienes. No encuentra sus zapatillas ni difícilmente respuesta a ninguna de las preguntas que él, adonis alquilado en la azarosa vida nocturna de un grupo de solteras, plantea insistentemente.  Alarga la mano para tomar un poco de agua, pero lo único que encuentra sobre su mesilla de noche es el jarrón de flores de la salita, y huele a estanque empozado. “No irás a beberte eso, ¿no?”, todo él un símbolo de interrogante aderezado con asco. Se muerde el labio confundida, su cabeza un potaje sin hervir, incrustados en el cerebelo la ruptura con Gonzalo, la aguja de la soledad y el desorden de la incertidumbre. Sin querer encajar ninguna pieza, avanza a trompicones hacia el galán y arrebatándole con fuerza el paño de cocina le grita desquiciada: “y tú ¿quién coño eres?”

miércoles, 18 de febrero de 2015

Cómo escribir un relato corto: 10% inspiración, 90% transpiración

"Un relato corto es un puñetazo en la cara", así lo define el escritor Jorge Vedovelli en el curso de relato que imparte durante estos meses de invierno en la Escuela Canaria de Creación literaria. Con entusiasmo y dinamismo, Vedovelli ha animado a sus alumnos a embarcarse en una búsqueda literal del "Qué": aquello que realmente quieren contar. "Si no hay qué, el relato queda hueco. Si no hay qué, el escritor está desorientado y es incapaz de planificar", dice mientras escribe en letras grandes "Qué" en la pizarra blanca. ¿Planificar?, retumba en mi cabeza. Para los que escribimos por placer, la palabra resulta repulsiva, porque la asociamos a trabajo o a obligaciones. Sin embargo, Vedovelli lo tiene claro: un buen relato requiere una buena planificación previa. Conociendo qué queremos contar, seremos capaces de elegir un buen narrador, un estilo correcto y un tono adecuado. La planificación permite al escritor tener las riendas en todo momento y controlar los movimientos de sus personajes y el rumbo de sus historias. Pero ¿cómo saber qué queremos contar? Estamos tan acostumbrados a una realidad masticada que resulta perezoso tener que subirse a una silla para contemplar el mundo desde otra perspectiva. ¿Y si el tesoro está más cerca de lo que creemos? Vedovelli propone adentrarse en los terrenos pantanosos que esconde toda alma, abrir el catalejo hacia nuestro interior, avistar y nutrirnos de nuestros anhelos y preocupaciones más profundas. Es ahí donde reside la originalidad, pues cada ser humano tiene una visión particular del mundo ¡Eureka! hemos dado con el punto más valioso del texto: el punto de vista. Es él el que barnizará nuestro texto de autenticidad. Recapitulando, para escribir un relato corto, necesitamos un Qué, un punto de vista y, por supuesto, volar. Última palabra clave en el discurso de Vedovelli: volar como escritores, despegarnos de las primeras ideas y de lo común. "¿Te obsesionan cosas?" le pregunta a un alumno de primera fila que responde con un tímido sí. "¡eso es que estás vivo!¡escribe sobre eso!". Seguramente, traer de vuelta a los miedos y terrores que hemos ido encerrando bajo llave a lo largo de nuestra vida no sea muy agradable, pero como dice Vedovelli: "crear de verdad duele". No estoy segura de que el papel aguante la mercromina, pero una vez puesto el casco de minera y activado el ascensor hacia el subsuelo de mis emociones, no puedo más que confiar en que mi tintero y mi cuaderno sepan rescatarme. Al fin y al cabo, ¿qué es una página en blanco? Un universo lleno de posibilidades.