martes, 29 de septiembre de 2015

I'll be back

Eso dijo en inglés el Swarzenegger en aquella película de futuros no tan lejanos y hombres-robot manipulables. "Volveré", jugábamos a imitarlo cuando éramos unos menudos, intentando adoptar aquella voz de sótano, contundente e irrefutable. Debo admitir que me ha costado unos 20 años dar con el tono, pero esta tarde, lo he clavado. Iba modo autómata por la calle y me paró una amiga de la amiga, es decir, de ese tipo de conocidas que cruzas  sólo dos-tres veces al año, pero a la que acabas cogiendo cariño en un deseo interno de que traspase por fin al círculo de tus amistades. El caso es que, tras las puestas al día reglamentarias, arremetió con un: "oye, y ¿qué pasa que ya no escribes? Me he metido en tu blog y no hay nada nuevo. ¿Lo tienes parado?". Eso sí que fue contundente. ¡Zas! ¡Baum!!wham! (y otras onomatopeyas del cómic)
Tocada. Un golpe certero, como es habitual, de parte de los más inesperados. Yo levanté las cejas, la barbilla, los hombros...todo al unísono durante dos efímeros segundos que esperaba le dieran tiempo a mi cerebro para resumir en una frase firme y despreocupada la mezcla de estrés, desmotivación, incertidumbre y cansancio que había estado soplando en mi ventana durante los últimos meses. Con esos ingredientes, las burbujas en la marmita no presagiaban nada bueno. El resultado: una pócima verde de hastío. Sin embargo, justo cuando iba a desplomarme víctima de la autocompasión, resonó desde las profundidades de mis células aquella palabra: VOLVERÉ. Sorprendida pero satisfecha por mi reacción, repetí asintiendo y subiendo el volumen de mi voz: VOLVERÉ, esta vez con carcajada y asombro a partes iguales de mi casi-amiga y de mí misma. Pues eso: VOLVERÉ  - dije por tercera vez y supe que la chispa de la ilusión y el optimismo seguía empolvada, pero intacta. "Ya he vuelto", susurré sonriendo de regreso al coche. Tendrías que haber estado allí para verlo. No es por nada, pero lo clavé. Que tiemblen el "termineitor" y las marmitas en ebullición. El tintero vuelve a derramarse. Emulando de nuevo a Arnold, sólo digo una cosa: Sayonara baby o, para que tú y yo nos entendamos: se acabó la bobería.