jueves, 1 de octubre de 2015

El terruño : microrrelatos agrícolas






La garra del abuelo sacudía con una fuerza inaudita aquél saco repleto, a partes iguales, de esfuerzo y papas. Pesaban los quintales y hundían con sus kilos la quilla de un barco, que surcaba el océano manso, lejos de la tierra, al barbecho de las llagas. 




No era aún de día cuando la madre bajó chancleteando al baño. No cerró la puerta y la luz del lavabo se proyectó esperanzadora en la oscuridad de la casa. Fuera, cantaban los grillos y rompía desgañitado un gallo tempranero que hizo removerse a la más pequeña entre las sábanas. Chorro de pis y cascada de la cisterna. Regresó la negrura. En el umbral, la silueta de la madre se asomó unos segundos para darle vuelta a las niñas. Luego, retomó las escaleras bostezando y se escuchó al padre que hablaba. La alarma sonaría pronto.


La huerta era un campo de fútbol. Un infinito de surcos engalanados del verde de la planta en el que su abuela acostumbraba a pasear a media tarde, las manos atrás y el cuerpo encaramado hacia delante, como un fruta remadura a punto de caerse del árbol.