domingo, 4 de diciembre de 2016

buen vuelo

-          Abuela, ¿a dónde vas?
-           ¡Shhh! A dar la vuelta al mundo.

      Es lo primero que le dije a mi nieto de 6 años la noche en que me fui de casa porque no aguantaba más a mi marido. No sé por qué respondí así. Estaba en el pasillo a oscuras, empaquetada como para misa de domingo, los tacones en la mano izquierda y en la derecha la bota número 36 en la que tenía guardados 1000 euros a escondidas del caballero y, de pronto, de esa guisa, había surgido la figura minúscula de mi nieto Darío en el marco de la habitación, desgreñado y con el pijama revuelto, sacado de la película del Resplandor. Casi me infarto allí mismo.
   Que a dónde iba, me había dicho, absorto, con sus ojos enormes observándome como dos focos gigantes. “A dar la vuelta al mundo”, había dicho yo. Podría haber sido cualquier otra frase más cotidiana y cercana para él, del tipo “voy a tender” o “voy a tomarme las pastillas” o simplemente “voy al baño”, pero no, se ve que me invadió el complejo de Willy Fogg. Ahora, que han pasado los meses, supongo que el subconsciente quiso reunir algo de verdad y algo de fantasía en una frase que pudiera ser tirita para la herida que se crearía no a la mañana siguiente, sino dos o tres días más tarde, cuando la ausencia de la abuela fuera absolutamente anormal, incluso para un niño de 6 años, aparentemente al margen de todo.
    El caso es que, cuando me lancé al taxi en el clímax de mi personalidad atolondrada, la frase se transformó en revelación y supuso el primer impulso por el que se regirían mis decisiones venideras, que también, con el tiempo, acabaría aceptando, lejos de intuiciones, como la vasija que resulta después de años y años de una argamasa de sentimientos en cocción. La desembocadura de todos los dramas y alegrías previos. Imposible abrirse paso a contracorriente.
A las cuatro de la madrugada, estaba en el Aeropuerto de Tenerife Sur, dispuesta a protagonizar la teleserie del mediodía y subirme al primer vuelo que despegara. Con una leve amargura, tragué la aprensión que me atenazaba el cogote y me escabullí hacia el baño donde repartí entre el sostén, la faja y el bolsillo oculto de la chaqueta los 1000 euros que aún guardaba dentro de aquella bota talla 36, raquítica y añeja.
Luego, estuve sentada un par de horas acompañada de un café frío, regodeándome en el síndrome de la mirada perdida. No era remordimiento ni miedo lo que me retenía allí. Simplemente, la felicidad de poder detenerme sin dar explicaciones. Allí, no era más que una viajera cualquiera, desapercibida para el mundo. El traqueteo infatigable de mi vida parecía haber llegado al destino o, al menos, a una estación de descanso.
Fue la necesidad de huida la que me sacó de ese estado de hibernación matutina. Mi determinación por marcharme era tan fuerte que el miedo a que algún familiar se le ocurriera irme a buscar allí o tratara de convencerme en que abandonara mi propósito reactivó mis conexiones neuronales. Con paso seguro, acudí al mostrador de la compañía aérea y pronuncié deleitándome en cada sílaba: “un billete para Cuba, por favor”.
-          El próximo vuelo despega en dos horas – respondió la azafata con un dulce acento extranjero.
-          Ese mismo – añadí con un movimiento de barbilla que denotaba reafirmación- cueste lo que cueste – y mostré la tarjeta de crédito.
Total, ¿para qué lo quiero? Tanto ahorrar para llevármelo a la caja, pensé mientras se imprimía el comprobante en el datáfono. Acto seguido, el pánico me taladró las sienes con un razonamiento completamente distinto: años y años administrando los ahorros familiares para gastarlos por capricho hoy de un plumazo. Qué fastidio ser insegura, cuánto esfuerzo malgastado en ponerme trabas a mí misma. Bloqueé cualquier nuevo pensamiento y me dirigí al control previendo la duración del proceso: que sí, que me va a pitar el detector de metales, que llevo una prótesis de cadera y no sé cuántos tornillos en la boca. Que mi esqueleto va a competir con Frankestein cuando exhumen mis huesos. Hechas las explicaciones médicas y tras ser sobajeada por la policía de turno, me fui renqueando a la puerta de embarque. Localicé la cafetería más cercana y miré la hora. Las 9h de la mañana. Lo mismo da: una caña y un paquete de papas fritas. Y tan a gusto.
¿Qué dirán de mí? me cruzó la mente mientras bebía el primer sorbo de cerveza. ¿Qué dirán si me ven en el aeropuerto sola, bebiendo cerveza, vestida de punta en blanco y sin mi marido? Me reí repasando las posibilidades más certeras: ésta se ha echado un querido, se ha vuelto alcohólica, el pobre Rafaelito ya estiró la pata…y tantas otras tan rocambolescas como hirientes. En eso consiste la rumorología que nos impone tantos límites. El ideario de las cabezas de vecindario está alimentado por la apatía y la envidia. La infelicidad de las vidas humanas actúa como caldo para construir armas verbales arrojadizas que crean heridas irremediables entre las personas. Pero esta vez, lo tenía claro.  Ningún comentario ni posible comentario ni atisbo de comentario podría frenar mi necesidad de volar lejos, de despegar y despegarme de las habladurías y los convencionalismos.
En la cola de embarque, observando las familias y las parejas que viajaban conmigo, me sentí joven. Me habría gustado enviar un mensaje a mis hijos como solían hacer ellos cuando marchaban a estudiar fuera. Hacerlos partícipes de ese viaje. Contarles que el vuelo iba lleno, que avisaría al llegar, pedirles que se cuidaran los unos a los otros, pero tenía que esperar al día siguiente. Esta vez, debía pensar primero en mí misma. Sin embargo, fue mi marido quien ocupó mi sesera. Lo visualicé panza arriba sobre las sábanas de la cama, roncando ingenuo y despreocupado. Imaginé cómo se levantaría por la mañana, yendo a la cocina en busca de café, pronunciando mi nombre escaleras arriba, presintiendo que estaría en la azotea. Después, saldría igualmente a la huerta, daría su paseo de jubilado hasta el bar, compraría el pan y el periódico, supongo que me haría en el supermercado o en el ambulatorio, qué sé yo. Regresaría a casa sobre la una y quizá se extrañaría de que aún no hubiera llegado, refunfuñaría porque no vería ningún caldero al fuego y se sentaría en el sillón de la tele, tras desempapelar y engullir dos o tres caramelos de nata. A eso de las tres o cuatro, sería cuando descolgaría el teléfono. Dudé en decidir a quién de los chicos llamaría primero. Carlos estaba trabajando en Lanzarote desde inicios del verano en la recepción de un hotel, Yasmina terminando el turno de mañana en la clínica de higiene bucodental y Luisito haciendo las prácticas en el estudio de arquitectura. Claro que estos horarios él los desconocería. Pese a todo, estaba segura de que, fuera lo que fuera, llamaría a Yasmina, aunque poco hablara normalmente con ella, pero era la niña de la casa, por género tendría que saber dónde estaba su madre. Un vacío me oprimió el pecho al imaginar la sorpresa de ella, la preocupación enmarcando su rostro y la ignorancia absoluta, la imposibilidad de creerse que su madre, yo misma, estaba bien repantigada en el asiento 15 A del vuelo UX5483 Dirección La Habana. Mientras el azafato realizaba la coreografía de evacuación, por debilidad de madre, tecleé: “estoy bien. No se preocupen” y se lo envié a Yasmina. Porque yo los quería a todos igual, pero ella siempre sería mi niña y sólo su sensibilidad podría conseguir entenderme. 
-           ¿Por placer o por negocios? – escuché una voz a mi lado.
-         ¿Disculpa? – dije, tras comprobar que efectivamente la pregunta iba dirigida a mí y que la planteaba un joven de aproximadamente 30 y tantos años, ubicado en el asiento de al lado.
-      Que si viaja usted a Cuba por placer o por negocios – me dedicó una sonrisa deslumbrante que destacaba con su piel morena.
-           Por negocios, claro – tampoco sé por qué dije eso. Supongo que porque quería resguardarme en el refugio de la ficción. Ser alguien que no era. Evitar ser juzgada por un desconocido - ¿y usted? – añadí veloz, esquivando el protagonismo.
-           Pues yo ni por placer ni por negocios. Yo voy, digamos, por necesidad existencial. – se encogió de hombros y comenzó a doblar la tarjeta de embarque con nerviosismo- voy en busca de mi madre ¿sabe? – descansó en mis ojos su mirada, que adiviné ligeramente acuosa – de mi madre y de mí mismo. Al parecer, nací allí, lo descubrí hace poco. No sé ni siquiera si ella estará viva. Yo…no me acuerdo de ella. Era muy pequeño cuando mi padre me trajo a Canarias. Sin embargo, hay algo, una sensación de atracción, un imán que me reclama desde hace tiempo…no sé si me entiende.
       Claro que lo entendía. De hecho, cada palabra que había pronunciado había ido abriendo con lentitud y dolor una vieja cremallera bajo la que había encerrado un pasado indómito. Le tomé la mano con empatía y se la apreté fuerte, adoptando la figura de alguien externo que nos consolara a ambos.
-        En realidad, si le digo la verdad, mi viaje es también una búsqueda. En este momento de mi vida, el hartazgo, la monotonía – hice un pausa- la relación con mi marido…desde chica, he estado escuchando historias maravillosas sobre Cuba. Historias inconclusas sobre la juventud de mi abuela y la infancia de mi madre. Creo que entender esos orígenes me parece inspirador. Uno cambia tanto con lo que va ocurriendo. Conocer lo que ellas fueron quizás me ayude a recordar quién soy yo. Así que, bueno, viajo por negocios, sí, aunque un negocio particular, lucrativo, sí, pero para el alma. No sé si me he explicado bien.
-         Sí, sí. Vamos, que también viaja por necesidad existencial – concluyó él con un sonrisa – como todos. 

domingo, 16 de octubre de 2016

Un churretón de color

Respira el aroma de la felicidad
concédete la tranquilidad de fluir con el buen rollismo
aleja los miedos inservibles
los miedos añejos
los miedos inexistentes
golpea el cascarón y observa cómo se derrumban ante la luz que desprendes
Ama, ama sin medida
como tú bien sabes
saborea cada instante
porque conoces la ligereza del tiempo
la vulnerabilidad de los días
Sé feliz, sin condiciones
no dejes que los otros, lo que fuiste o lo que esperan de ti te bloquee el despegue 
ni te mancille la sonrisa
porque tú eres la alegría de soñar
una mordida insaciable al presente
un churretón apetitoso de entusiasmo
que se te escapa por la comisura de la boca
que empapa, que decora y aplaca la negrura de la vida. 

martes, 4 de octubre de 2016

El hijo de Harry Potter es disruptivo

Ser el del medio siempre fue complicado. Ni ostentas la responsabilidad del hijo mayor ni la osadía del pequeño. En esa posición intermedia, resulta lógico que uno nunca acabe de encontrar su sitio. Algo así es lo que le ocurre a Albus Severus Potter en el libro "Harry Potter y el legado maldito" (Little Brown). Apabullado por el pasado y la fama de su padre, el joven Albus es incapaz de estar bien consigo mismo y con el mundo que le rodea, situación más que común para un adolescente de 13 años. Su llegada a Hogwarts, donde es seleccionado para la casa Slytherin y sus pocas habilidades sociales agudizarán su carácter introvertido y taciturno. A pesar de ser hijo del mago más famoso de todos los tiempos y salvador del mundo, Albus se siente más bien torpe, inseguro y cobarde. Discusiones y reproches serán la tónica entre el padre y el hijo conforme éste pasa sus años de estudios en Hogwarts. La aparición de Scorpius, único amigo de Albus y casualmente hijo del arrogante Malfoy, no hará más que empeorar las cosas. Harry intentará separarlos, especialmente tras escuchar las habladurías sobre la supuesta paternidad de Scorpius: el propio Voldemort. El temor por el regreso del Señor Oscuro se apoderará de Potter y de sus inseparables amigos Ron y Hermione, que también tienen cierto protagonismo en el libro. Juntos, lucharán contra nuevos enemigos que están más cerca de lo que creen. Los viajes en el tiempo, el deseo de cumplir con las expectativas de padres e hijos, además del habitual ensalzamiento de la amistad, que viene siendo máxima en las entregas de Harry Potter serán los ejes fundamentales de esta historia. Dividida en dos partes y cuatro actos, este libro recoge el guion de la obra de teatro que se representa en Londres desde el pasado julio y cuya autoría está compartida entre J.K. Rowling (la creadora de la saga) y dos reconocidos guionistas (John Tiffany y Jack Thorne). Su formato de diálogo resulta muy entretenido de leer, especialmente si hay niños en casa, pues cada uno puede adoptar un papel. La historia está plagada de guiños a los seguidores de Harry y su lectura no decepcionará si pretenden reencontrarse con viejos conocidos como la profesora Mcgonagall, los cuadros parlanchines de Hogwarts, Myrtle la llorona e incluso Snape. Sin embargo, algunos opinan que resulta insuficiente y que se echa en falta el contenido descriptivo que ofrecen las novelas. En cualquier caso, como buenos lectores, nuestra imaginación hará el resto. Eso sí, no durará mucho. Lo despalillas en 24 horas. Lumus y buena lectura. 

domingo, 4 de septiembre de 2016

Libros para despedir el verano: "El africano" de Le Clézio

Este pequeño libro de 123 páginas es una despedida postergada en el tiempo. Le Clézio (Premio Nobel de Literatura 2008) ahonda en su pasado y rescata a su padre como protagonista de un relato que mezcla la admiración y la resignación. La novela te planta frente al autor desnudo y despellejado, acosado por las dudas, pero con un alto grado de comprensión hacia lo que el tiempo y la vida puede llegar a hacer de un hombre. Conforme avanzas en la lectura, te parece estar escuchando las confesiones añejas de un amigo, descubriendo episodios de su infancia que jamás te había contado. Le Clézio mata a su padre en esta novela. No lo hace de forma literal, sino diría que de manera terapéutica. Arrastra al progenitor a su nivel, le mira directamente a los ojos, entiende su deterioro posterior y acaba por perdonarlo. Habla de sus inseguridades y sus abandonos y, de esta forma, asesina la idealización que hubiera creado cuando aún era pequeño, cuando aún esperaba su presencia.  Es también esta novela una instantánea africana, concretamente de la vida de sus gentes, atenazadas por la enfermedad, pero agarradas a la supervivencia de la simpleza. Observamos lo sucedido desde dos distancias diferentes: la del hijo y la del padre, ambas aderezadas por la nostalgia. Destaca la crudeza con la que afronta el padre su labor de médico en los pueblos africanos. Su entereza frente a la muerte y su sacrificio familiar en aras de un servicio a los otros que parece innato en él. Recorremos su trayectoria profesional y el desencanto en su madurez, harto de experiencias desagradables, pero también hay cabida para el amor y la añoranza al recordar episodios de su juventud en los que, acompañado por su mujer, todos los retos eran alcanzables y África era el escenario de la aventura y la libertad.
 Es inevitable que se desprenda de estas páginas un regusto a tristeza, esa de quien observa los logros conseguidos con melancolía, porque le recuerdan las pérdidas que éstos conllevaron. Una novela íntima y honesta que nos ayuda a aceptar que, pese a nuestro valioso poder de decisión, el ser humano es llevado por las circunstancias, que son las verdaderas moldeadoras de su vida. 
Algunos pasajes de una belleza singular:

"Habíamos venido desde el otro lado del mundo (porque Niza era perfectamente el otro lado del mundo). Habíamos salido de un apartamento en el sexto piso de un edificio burgués, rodeado por jardines donde los niños tenían prohibido jugar para vivir en África ecuatorial, al borde de un río fangoso, en medio del bosque"

"Este es un país de horizontes lejanos, donde el cielo es más amplio y se extiende hasta que se pierde la vista. Mis padres sienten aquí una libertad que no han conocido nunca en otro lugar"

"África es, al mismo tiempo, salvaje y humana en su noche de bodas. Durante todo el día, el sol ha quemado sus cuerpos. Ellos están repletos de una fuerza eléctrica incomparable. Imagino que hacen el amor esa noche al ritmo de los tambores que vibran bajo la tierra, pegados el uno contra el otro en la oscuridad, su piel empapada en sudor, resguardados en la cabaña de barro y ramas tan pequeña como un gallinero"

"Aún está lúcido. Sabe que va a morir. Por un momento, en la celda donde lo han aislado, sufre una crisis, su cuerpo se arquea y sus miembros son poseídos por una fuerza tal que el cuero parece estar a punto de romperse. Al mismo tiempo, gruñe y grita de dolor, la espuma sale de su boca. Luego, vuelve a caer en el letargo inducido por la morfina. Horas más tarde, será mi padre quien hunda en su vena la aguja que le inyecte el veneno. Antes de morir, el joven mirará a mi padre, perderá el conocimiento y su pecho se desinflará con el último suspiro. ¿Qué tipo de hombre eres cuando has vivido esto?"

jueves, 25 de agosto de 2016

Descripciones que sólo puede hacer la gente que lee

En la fantástica película de Arnaud Desplechin, "Trois souvenirs de ma jeunesse", Paul Dédalus (el protagonista) no para de leer en todo el largometraje. No es de extrañar que cuando visita un museo en compañía de su novia y amante Esther, haga uso de forma improvisada de un cuadro para regalarle a su amada esta descripción tan particular y detallada de su rostro y carácter. Toda una declaración de amor.

Transcripción en francés:

"Je vais te dire pourquoi ce tableau te ressemble et pourquoi tu es une fille merveilleuse. C'est un tableau d'Hubert Robert, peint au XVIII siècle. C'est un paysage en Italie, tout semble à l'abandon. En bas, le tableau est mangé par les ruines comme après le passage d'un tornade de vent et moi, je pense que tu es pareille à ce qui a arraché ces colonnes: sauvage, violente...Je suis comme l'homme à la cape rouge, une tache rouge comme ta bouche mais tu es rieuse aussi comme ces deux femmes-là. Au loin, l'eau de cette fontaine c'est toi qui file entre mes doigts et là c'est ton menton qui semble simple droit comme un texte au Latin mais qui est violent aussi comme Acthéon. Moi, je suis Acthéon déchiré par les chiens et toi, tu es comme Diane, mais tu es douce aussi comme Venus et comme Usica? qui accueille Ulysse toute nue et déchirée quand les autres filles se sont enfuies et ça c'est ton beau tableau. Là, c'est ton front, tes sourcils et tes yeux bleus comme le ciel parce que ton visage tient toute la signification du monde dans ses traits"

Traducción al español:

"Voy a contarte por qué este cuadro se te parece y por qué eres una chica maravillosa. Es un cuadro de Hubert Robert, pintado en el siglo dieciocho. Se trata de un paisaje en Italia y todo parece abandonado. En la parte baja, el cuadro parece estar devorado por las ruinas, como si hubiera pasado un tornado y creo que tú te pareces a todo lo que podría haber arrancado esas columnas: algo salvaje, algo violento...yo, yo soy el hombre de la capa roja, una mancha granate como tu boca. A lo lejos, el agua de esta fuente eres tú, que se escurre entre mis dedos y esto de aquí es tu mentón, simple y firme como un texto en latín, pero también violento como Acteón. Yo soy Acteón, destrozado por los perros y tú, tú eres Diana, pero también eres dulce como Venus y como Usica? que recibe a Ulises desnuda y desvalida cuando las otras chicas han huido. Así que este es tu bonito retrato. Y aquí están tu frente, tus cejas y tus ojos azules como el cielo, porque tu rostro contiene todo el significado del mundo en sus trazos"


Súmate a la moda de leer en el coche

El coche es un espacio único y personal. Es en el coche donde se fraguan, muchas veces, los pensamientos determinantes que oscilan entre la liberación y la autodestrucción. El coche motiva. El coche es un cómplice de fuga. El coche puede ser tu mejor escapatoria. De los creadores de "el sillón de atrás del coche siempre es buen sitio para follar" y "no tenemos wifi, hablen entre ustedes", llega ahora "Lee en el coche". Lejos de incitar al público general a cometer infracciones contra el reglamento de tráfico, esta nueva tendencia propone a los conductores y pasajeros a introducir la cultura en sus vehículos. El concepto es muy sencillo.
Si te fijas bien, todos los coches cuentan con numerosos orificios, guanteras o bolsillos perfectos para hacer las veces de estantería. Son estos espacios que llenamos de monedas sueltas, papeles de chicles, pañuelos usados, folletos, tickets del parking y otra basura varia los que podemos mejorar con la presencia de los libros. No tienen que ser muchos. Basta con dos o tres, preferiblemente alguno cerca del volante, pero también a mano para el copiloto o los pasajeros. Tranquilo, no se trata de leer conduciendo, más bien de optimizar tu tiempo. ¿Cuántas veces te toca esperar en el coche? Quizá porque hayas quedado con alguien que llegue tarde, quizá porque la tienda está aún cerrada, quizá porque quedan quince minutos para tu clase, quizá porque has acompañado a tu hermana al veterinario con su perro, quizá porque te confudiste de hora...? Estas esperas interminables pueden ser sustituidas por ratitos o ratazos de placer siempre que hayas hecho una buena selección de libros en tu particular biblioteca automovilística. El gesto exige cierta voluntad en medio del caos tecnológico que vivimos, pero demostrarás un arrojo de personalidad al optar por un
libro en lugar de por el móvil en estos paréntesis muertos. Noticia de última hora: no son pérdidas de tiempo si las reconviertes en oportunidades mágicas para empaparte de cultura y concentrarte en algo que no sean preocupaciones o "tengo que". Puede que no te guste leer, pero reconoces el beneficio de la lectura (expande la mente, fomenta la concentración, enriquece tu vocabulario, etc). Esta es una buena manera de retomar el contacto con los libros, pues sabrás que el tiempo de lectura no se lo estás robando a nada que en principio te guste más, sino que simplemente te estás entreteniendo.Con suerte, este nuevo hábito te reporte más satisfacción de lo que esperabas. Piensa ahora en compartir vehículo y en las personas que habitualmente se montan en tu coche. Dejando los libros a la vista, compartes tus aficiones, tus autores preferidos, las historias que te mueven. Por un lado, expresas tu mundo interior, liberándote de prejuicios y miedos y, por otro, concedes generosamente la oportunidad a esas personas de acercarse a la cultura y de, a su vez, ofrecerte su punto de vista al respecto.
Esto seguramente sea el desencadenante de nuevas e interesantes conversaciones que no podrías haber mantenido de otra manera, además de una retroalimentación sana y necesaria en los tiempos que corren. No esperes más y genera, con ilusión, tu mini-biblioteca en el coche. Saca del polvo añejo a esos libros relegados a lo alto de la estantería del salón o del rellano. Párate a elegir un buen puñado de títulos, incluso entre aquellos que quedaron exiliados en casa de tus padres. Sé un héroe, esperando en el banco de la plaza con uno de esos libros. Sé "cool", metiendo la mano en tu bolso y ¡oh, sorpresa! no extrajo el móvil, sino un libro. Sé diferente, porque lo eres y lo sabes. Sé tú y sigue la moda buena, la que aporta y te construye y reconstruye como persona. 

lunes, 22 de agosto de 2016

Relatos terapéuticos: Amanda y su adiós al miedo

El momento de desenmascararse fue tardío, pero oportuno. El hombre, de barba abandonada y mirada profunda se había acercado sin pronunciar palabra. Llevaba puestas unas ropas raídas, más propias de un vagabundo que de un druida. Yo esperaba sentada sobre una piedra, la espalda erguida, desafiando lo imprevisto. 
Nos encontrábamos en un paraje extraño, propio de un póster de sala de espera de hospital: árboles, musgo fluorescente, varios pájaros cantando al unísono, el murmullo de un riachuelo coreano. 
- Quítatela - me dijo, a pocos palmos de mi cara, alargando su mano esquelética hacia mi barbilla. 
En un gesto reflejo, obedecí ensimismada. Había algo en su mirada de mandala giratorio, unos ojos espejo capaces de absorberte y llevarte a otros mundos. Con estupor, descubrí, al acariciar mi propia barbilla con los dedos, cómo una pequeña lengüeta comenzaba a despegarse. Cerré los ojos invadida por una sensación de asco de la que quería salir corriendo. Cuando volví a abrirlos, todo había desaparecido: ni rastro del bosque ni del río. Tan sólo una pantalla azul clara, oceánica, como las láminas curvas de l'Orangerie donde los Monet parecen abrazarte.
- ¿Ves? No hay nada - me dijo, sentado a mi lado. Había olvidado por completo su presencia. 
- ¿Cómo? ¿Nada? 
- Nada. Todo es tu percepción. El mundo no es ni de una manera ni de otra. El mundo es como lo quieras imaginar. Ninguna situación es buena ni mala. Todas se inician en el kilómetro cero de tu pensamiento. Tú eres quien está creando el miedo que sientes ahora. Es solo percepción. No le des conciencia. No juzgues. Acepta la vida como es y, sobre todo, no hagas plagio de otras percepciones y realidades. Todos somos distintos, así que vive tu vida distinta, libre de etiquetas - permaneció unos segundos en silencio antes de continuar - Anda, toma. Aquí tienes tu máscara si la quieres pero, por favor, al menos, inténtalo. Vive sin miedo. 
Titubeé unos instantes, atenazada y ahogada por limitaciones antiguas, que ahora sabía que no existían más que en mi cabeza. 
- Déjala, ya no la quiero - respondí tirando la máscara a una papelera cercana que había aparecido de súbito a escasos metros. El golpe seco al dar con el fondo resonó como la claqueta de un set de cine. 
Me encontré en la calle, esperando para cruzar el paso de peatones. El maletín del trabajo pesaba en mi mano izquierda y mi cuerpo sobre los tacones se balanceaba bajo un sol de ultimátum. Semáforo en verde. Parpedeé consciente y di media vuelta. No había obligación, había elección. 

miércoles, 17 de agosto de 2016

Hibernación veraniega




A veces, no somos. Apagamos el interruptor y nos dejamos imbuir hacia el fondo etéreo de los sueños. Retozamos en el letargo tranquilo de los libros. Adoptamos el coraje y la ternura de extraños muy nuestros. Sufrimos y crujimos el éxtasis insuflado por el ingenio de los genios. Saboreamos el silencio submarino de la lectura para retornar a la superficie, plenos.

miércoles, 27 de julio de 2016

Música y literatura: maridaje perfecto

La música y la literatura son dos novios fieles cuya relación dura eternamente. ¿Quién no se ha despatarrado en el sofá con un buen libro mientras escucha, de fondo, las canciones de su grupo favorito? o ¿quién no ha disfrutado de un buen disco leyendo la intensidad de las letras de las canciones que lo componen?
Por un lado, la literatura es musical. Cualquier relato o novela encierra una melodía propia y subterránea que se interpreta en tu cabeza mientras lees. Este hecho es mucho más identificable si lees en voz alta. Si lo haces de forma correcta: respetando la entonación que marca la puntuación escogida por el autor, observarás que las frases, párrafos, capítulos forman parte de una sinfonía particular. Por eso, la elección de la forma es tan importante como la del contenido a la hora de escribir. 
Por otro lado, la música se acompaña habitualmente de letra e historia. Todos hemos ido en busca del libreto (una gran ventaja de comprar el disco original) o hemos buscado en internet la letra de las melodías que nos enganchan y hemos descubierto el significado profundo que encierran. 
De este lío amoroso entre música y literatura, nace el género cantautor, que pare canciones de una belleza rabiosa y desgarradora. Estas criaturas son, muchas veces, las que etiquetamos de "buena música" y las que consiguen removernos las entrañas de todas nuestras cavidades. Escucharlas es un deleite casi orgásmico, pues combina la sanación de la música y la crueldad de la literatura: dos de las pinzas más certeras en cazar las alegrías y desventuras del ser humano. 
Para muestra, dos botones: 
Fuego, VETUSTA MORLA
Mi guitarra y vos, JORGE DREXLER


Feliz musicolectura

martes, 26 de julio de 2016

La templanza: un libro y un valor estimables

Cayó en mis manos durante este mes de julio el libro "La Templanza" de la autora María Dueñas (El tiempo entre costuras). Fue durante esos días de transición en los que acabas de terminar un libro y aún no te atreves a dejarte arrastrar por una nueva historia. Tu cabeza anda aún enredada en los vaivenes de los antiguos personajes, pero te es imposible aplacar el gusanillo lector. Así me acerqué a la estantería: modo pijama de verano, pies descalzos, despelucada y media, haciendo involuntariamente esa mueca de nariz que me hace parecer estar al borde de realizar un conjuro mágico. Y ahí estaba el susodicho: nuevecito, en tapa dura y aún embalado en plástico transparente por mi amigo invisible del pasado 23 de abril. Deduces bien, no era un libro que me llamara la atención. De hecho, mi madre ya lo tenía y se lo había leído (está bonito, está bonito) y al recibirlo de regalo, no despertó en mí ni un atisbo de emoción o novedad más que el de recibir un presente (a caballo regalado, no le mires el diente). Por eso, había permanecido más de la cuenta camuflado entre el montón. ¡Qué sorpresa la mía al comenzar el primer capítulo y verme atrapada por la personalidad de Mauro Larrea (el protagonista) y por la honesta escritura de la autora! Dividida en tres escenarios distintos (Ciudad de México, La Habana y Jerez), este libro viajero habla con dulzura de los reveses del destino. María Dueñas ensalza la figura humana del hombre y de la mujer capaces de sobrellevar las ruinas y renacer de ellas fuertes y optimistas. Este es, sin duda, el espíritu del personajes principal: Mauro Larrea, un acaudalado minero español residente en México que ve cómo su fortuna desaparece tras una apuesta financiera arriesgada. Su desventura me hizo pensar en tantos empresarios conocidos que, tras una vida de trabajo y esfuerzo, han visto quebrar sus negocios en pocos meses durante el período de crisis. A lo largo de sus 540 páginas, Dueñas enfatiza la labor de los trabajadores de a pie y el buen olfato de algunos para ambicionar futuros mejores y arriesgarse a ir a por ellos. En la novela, observamos cómo los personajes toman sus propias decisiones, pero siempre dentro de las circunstancias casuales del libre albedrío cósmico, es decir, que, como ya todos sabemos, el entorno, sin querer y queriendo, te va llevando por unos derroteros u otros. Así, llega Larrea a Jerez donde hace su aparición Soledad Montalvo, una mujer de bandera que, al igual que Mauro, con su personalidad dan título a esta novela: "La Templanza" que no es un libro bonito, como decía mi madre, sino precioso. A pesar de un tramo final un pelín repetitivo tanto en la trama como en el contexto, este es un libro que recomiendo, especialmente a aquellas personas que han tenido que afrontar el desmoronamiento de sus logros y que, aún así, han conseguido mantener la serenidad y la cabeza alta. Feliz verano y feliz lectura. 

martes, 5 de julio de 2016

Microrrelatos de terraza y pies en alto. Recomendación: en su punto a eso de la sobremesa




"Tenía una boca de negro espléndida. Grande y apetitosa, de labios mullidos y cálidos, jugosos, protectores como un abrazo largo" 







"Bajo las gafas, fulgían en destellos cegadores sus pupilas veraniegas. Con ese azul turquesa, resultaba fácil lanzarse a la piscina"






"Ahora mismo, debería estar en la siesta, en esa siesta de sudor y deseo en la que siempre me sobra la ropa y no puedo evitar resbalar por tu cuerpo"




"El cuerpo permaneció obediente sobre la silla, pero la imaginación despegó intrépida, un salto raudo a la atmósfera gelatinosa de las vacaciones"








"En el paseo marítimo, las batidas del océano edulcoraban el silencio matutino. Los viandantes parecían sumisos en una hipnosis temporal de la que iban despertando felices, a golpe de los primeros rayos de sol"




domingo, 3 de julio de 2016

Libros para el verano: El regreso del Catón de Matilde Asensi

El verano es relax. El verano es aflojar las presiones y liberar el cerebro. El verano lo permite todo. Si buscas entretenimiento y lecturas fáciles de digerir, aquí tienes una recomendación made in Spain: "El regreso del Catón" (Planeta) de la autora alicantina Matilde Asensi. Se trata de la segunda parte de su célebre "El último Catón", publicado en 2001, que arrasó en ventas y la constituyó como nuestra particular "Dan Brown", al escribir novelas históricas de aventuras. 
En sus 608 páginas, regresan la ex-monja Ottavia Salina, el arqueólogo Farag y el cuadriculado guarda suizo Kaspar. Desde un punto de vista femenino e inocentón, la novela nos traslada a Oriente para ir en busca de unos osarios muy comprometidos para la Iglesia Católica. La eterna rivalidad entre religiones y la duda sobre la certeza de la Resurrección de Cristo son ejes centrales de la trama. Los protagonistas se verán inmersos en innumerables líos (internos y externos) de los que intentarán zafarse haciendo uso de sus habilidades intelectuales. Los viajes y el estilo audiovisual propio de un largometraje de Indiana Jones están también presentes en esta nueva novela de Matilde Asensi, que no esconde su particular gusto por los mundos subterráneos llenos de las trampas más variopintas. A pesar de las muchas alusiones al primer libro, no es indispensable su lectura previa para seguir el desarrollo de la historia. De hecho, diría hasta que algunas partes de este nuevo ejemplar son casi un remake del anterior, pues se repiten algunos contextos y excusas en el transcurso de los acontecimientos. Así que si lo has leído, lo vivirás como el reencuentro con un viejo amigo. Son destacables las continuas referencias históricas, habitualmente acompañadas por una nota bibliográfica al pie de página. Aunque un tanto predecible, "El regreso del Catón" es una novela muy divertida, de las que enganchan, siempre que te apetezca desconectar y sumergirte en una aventura.  Feliz lectura.

¿Sabías cuál sería el libro que le habría gustado escribir a Matilde Asensi? ¡Juego de Tronos! descubre más curiosidades sobre la autora y su libro en esta fantástica entrevista realizada por Óscar López en el programa Página 2. 


domingo, 19 de junio de 2016

¿Por qué leemos más en verano?

El verano es una tregua. Aunque nos toque trabajar o los proyectos idílicos que hemos ido gestando durante las estaciones previas se materialicen a la inversa (del tipo cambio viaje en moto por USA por 1 semana en un apartamento en La Manga del Mar menor), el verano siempre nos brinda una oportunidad
Por convención social, el motor del mundo baja revoluciones y todos o casi todos introducen en su rutina un paréntesis de tiempo libre y bienestar. Unas cañas en una terraza, un día de playa, una excursión al parque natural cercano, una comilona familiar o una noche de fiesta son ejemplos de los planes que aparecen en nuestras agendas y que suponen, para la mayoría, un soplo de brisa fresca que nos desahoga el cogote. En realidad, si lo pensamos objetivamente, lo único que hacemos es otorgarle al ocio un lugar prioritario frente a las obligaciones. El verano nos da la licencia par ser un poco más libres, pues nos creemos con derecho a ser felices y a pasarlo bien. Esta actitud bien podría mantenerse durante el resto del año, pero el peso de la productividad, el ajetreo y lo que se espera de nosotros, entre otras razones, nos lo impiden. Digamos que las mismas convenciones sociales que nos liberan nos encarcelan. 
Ahora bien, regresemos al verano, a este verano 2016 que ya ha metido las patas en nuestra vida y viene a quedarse en el sofá-cama del salón por tres meses (porque septiembre también tiene de verano). Llega el buen tiempo y no sólo me refiero al clima sino al tiempo físico y contable: un buen tiempo o tiempo bueno para hacer cosas que nos hacen bien. Por ejemplo, para disfrutar del placer de leer. Si eres lector, sabrás a qué me refiero. Se acabaron las cinco líneas o, a lo sumo, el "un sólo capítulo" antes de dormir, la lectura de evasión en el metro o el párrafo de "a ver si me da tiempo". Por fin, las vacaciones y el ritmo veraniego del que hablábamos antes nos invita a sacar el libro a la terraza, a una lectura en la playa, a un empacho de páginas en el sillón o en la tumbona del camping, con los pies en la mesa, bien repantigados, con calma, sin mirar el reloj...¡qué gusto! ¿verdad? Y si los quehaceres nos obligan a quedarnos en tierra, ya caerá esa visita a la librería que, a modo de agencia de viajes, nos dará el título que nos lleve a otros lares. Ya sabe uno que la imaginación es el transporte más barato y efectivo.
 En definitiva, que por estas cosicas tan simples pero importantes, se lee más en verano, Porque dejamos de ser esclavos del tiempo y se ensancha el margen para hacer lo que nos gusta y, digo yo, que en eso debería consistir la vida ¿no? Feliz verano y feliz lectura. 

* Para cualquier otra duda, consulte en su librería más cercana. 

sábado, 18 de junio de 2016

SOS desde la otra dimensión


La primera vez que me adentré en un agujero negro, los colores me cegaron. En ese tiempo, trabajaba a tiempo parcial en Urano y hacía turno de coche con los compañeros en el parking al aire libre del anillo de Saturno. El trayecto de ida y vuelta era largo. Nunca llegábamos a tiempo para cenar en familia, ni siquiera cuando pillábamos el viento de cola gracias a algún cometa oportuno. Un día, abrumados por los fogonazos del sol y concienciados del inminente final de la Tierra, decidimos dejarnos arrastrar por el agujero. "Es un atajo", afirmó Santi y metió la novena. Asentimos unánimes arriesgando la vida por ganar por fin un poco de tiempo.

martes, 7 de junio de 2016

El futuro es hoy : un relato para reescribir tu destino


¿Qué pasaría si tuvieras la habilidad de viajar en el tiempo? ¿aceptarías la realidad tal como es o te aventurarías a intentar "mejorar" tu pasado? Cuando el inspector Mendoza descubre, oculta en la mano de un cadáver, un mensaje dirigido a él, no se lo piensa dos veces y se adentra en los recovecos del devenir del tiempo. En el trayecto, arriesgará su presente en busca de respuestas y de una salvación ,quizá tardía, para sí mismo y para la relación que lo vincula con la víctima. 

Escucha el inicio de este relato en la voz de la autora:

http://www.ivoox.com/futuro-es-hoy-audios-mp3_rf_11655969_1.html

Este relato forma parte del libro "El exprimidor, gracias campeón y otras ostias literarias" publicado por Baile del Sol. Reúne las obras inéditas de las ganadoras de Luchalibro Canarias 2016, campeonato de improvisación literaria celebrado el pasado noviembre en Gran Canaria y Tenerife.

jueves, 2 de junio de 2016

Cena de microrrelatos con sobredosis de calorías

Yo era astronauta ingrávido, flotando sin agarres, orbitando tu pupila



El error era un cuchillo de sierra rebanando con parsimonia el cerebro 




La cometa permanecía enganchada al árbol, esperando impaciente las agallas








Con la cabeza en el panal, además de picaduras, pruebas la mejor de las mieles








Érase una vez una heroína disfrazada de cobarde



martes, 10 de mayo de 2016

No llames a Batman, llama a Cervantes: 10 frases de la sabiduría literaria para que no te falte el ánimo esta semana

¿Acariciando el ecuador de la semana y sientes que el día a día es como escalar un 7000? Y eso que nunca te gustaron las alturas. Pues no hay temor. Aquí tienes todo un arsenal de "superhéroes" prestos a rescatarte. Eso sí, que no te asusten sus ropas vintage y sus aires anacrónicos. Pese a sus años de muertos, verás que no han pasado de moda. 

"Puede el que cree que puede" Miguel de Cervantes 

"Sé tú mismo. Todos los demás ya están cogidos" Oscar Wilde

"Inténtalo otra vez. Equívocate otra vez. Equívocate mejor" Samuel Beckett

"El verdadero descubrimiento no es caminar hacia nuevos paisajes sino hacia nuevos puntos de vista" Marcel Proust

"Da gracias por lo que eres hoy y sigue luchando por lo que serás mañana" William Shakespeare 

"Haz lo más de lo mejor y lo menos de lo peor" Robert Louis Stevenson

"No es el tamaño del perro en la lucha sino el tamaño de la lucha en el perro" Mark Twain

"Mantén siempre tu rostro hacia la luz y las sombras siempre se quedarán atrás" Walt Whitman

"Paciencia y tiempo hacen más que fuerza y rabia" Jean de la Fontaine

"Es hora de empezar a vivir la vida que te habías imaginado " Henry James


Lo dicho: ni Capitán América ni hombre araña, lo que te hace falta es un buen libro para comerte la semana. Ahí queda.

pd: Se recomienda acompañar con copita de vino. 

sábado, 7 de mayo de 2016

Libros que flirtean contigo. Recomendaciones lectoras: Todos mis futuros son contigo de Marwan

Hay libros que saben guiñar el ojo. Uno entra por la librería, da un paseo casual, hojea las novedades y, de pronto, notas que hay uno en particular que flirtea contigo. Comienza por el título o la portada. Uno de estos dos elementos o la combinación de ambos parece confabularse para sincronizar con tu momento presente. Entonces, posas tu mirada más tiempo de lo habitual en el estante donde está colocado, te acercas con aire pausado y lo tomas entre tus manos. No es un flechazo. No nos engañemos. A todos nos gusta examinar y evaluar, así que lees la sinopsis en la contraportada o, directamente, te lanzas a leer la primera página para poder lanzar tu veredicto. Si devuelves rápidamente el libro a su sitio, mala señal. Amor no correspondido. Pero si lo giras, lo vuelves a mirar, relees la sinopsis, te interesas por el autor...ahí, amigos míos, no hay escapatoria. Puede que ese día no te rindas a la evidencia, pero cada vez que pases por el escaparate de una librería o entres de nuevo en una de ellas, seguirás fijándote en él. Hasta que sea tuyo. 
Este particular romance libresco es lo que me ha sucedido con el libro "Todos mis futuros contigo", escrito por Marwan. LLevaba más de un mes soportando su flirteo y, al final, me he rendido a sus encantos. No suelo ser compradora de poemarios, a pesar de que es un género que me gusta. Sin embargo, esta compilación no es un libro de poemas al uso. A ratos, es un diario, un baúl de deseos o una novela encubierta en versos.  Pero, ¿quién es Marwan? me pregunté cuando, nada más comprar el libro, empecé a ver carteles publicitarios anunciando sus conciertos. Pues resulta que un cantautor emprendedor, capaz de haberse convertido en un artista que arrasa en las salas sin estar avalado por ningún sello discográfico. Polifacético, independiente y valiente, Marwan es un ejemplo vivo de que, efectivamente, como decía Saint-Exupéry: "El mundo se abre paso ante el hombre que sabe a dónde va". Dividido en 11 partes con títulos muy sugerentes (primera línea de batalla o consejos de supervivencia para jóvenes sensibles, entre otras), Marwan nos descubre en sus poemas distintas facetas de sí mismo de las que se desprende un alma sensible que antepone el amor por encima de todo. El lenguaje es sencillo y está plagado de bonitas metáforas, más estéticas en su contenido que en su forma. Está claro que el autor pasa por un momento dulce en su vida y esta visión optimista adereza la obra al completo, dejándonos un regusto esperanzador. "Todos mis futuros contigo" es destapar el cráneo de Marwan y observar, sin disimulo, sus neuras y pasiones. Un ejercicio singular y entretenido con el que descubrir las propias. Recomendable. 

Algunos fragmentos de poemas por los que dejarte flirtear:

"Estoy harto del poeta que llevo dentro (...) cada vez que me quedo dormido en una zanja, cuando me cae un meteorito en pleno lunes, siempre que escojo el camino del veneno o la soledad por accidente y la vida me zarandea como un papel de chicle en un tornado, allí se queda, mirándome, y se pone a juntar palabras en su probeta (...)" ¿PERO QUIÉN SE HA CREÍDO QUE ES? página 55

"(...) espera a que de madrugada el viento de la noche empuje, como si de un barco se tratara, todo ese gris tan nuestro y traiga limpio el porvenir (...)" LA VIDA NO LO PONE FÁCIL página 118

"(...) porque los dos sabemos que muchos de los días más hermosos de tu vida te los da la pasión cuando es en carne viva, que cuando venga el deterioro a inundarlo todo, y vendrá, no haya duda, esas noches serán el madero perfecto al que agarrarse, una de las pocas cosas por las que merezca la pena haber dado la vida" TE ESTÁS OBLIGANDO A SER ALGO QUE NO ORES página 174

martes, 3 de mayo de 2016

Rutas sin mapa y travesías a la deriva

El ancla no era tatuaje, sino un garfio engarzado al corazón. El peso del metal atravesando el músculo le recordaba sus orígenes anfibios y la imperativa necesidad de permanecer, pese a todo, enganchado a la vida. 
(Fotografía de Philip Schumacher)

jueves, 28 de abril de 2016

¿Por qué leer?

Leer para dar color al cerebro hormigón 

Leer para compartir, opinar sobre tu versión de la historia, recomendar un libro a alguien, vivir diferentes aventuras a través de las mismas páginas.

Leer para tener una cabeza bien amueblada

Leer para oxigenar el cerebro y crear espacio mental 

Leer para tener, expresar, conocer otros puntos de vista, nuevas maneras de redescubrir la belleza del mundo.

Leer para enceder una luz de esperanza cuando los problemas amenazan con sumirnos en la oscuridad

Leer, en definitiva, porque te hace ser más feliz

lunes, 25 de abril de 2016

Semana tras el plenilunio

Corriente eléctrica restaurada y pilas recargadas gracias a un paseo por Santa Cruz de Tenerife el pasado sábado 23 de abril. Bajo el influjo de la luna llena, que daba nombre al evento (Plenilunio), y coincidiendo con la celebración del día internacional del libro, la capital de Tenerife ofertó un menú cultural a los isleños (pero no aislados) y a todos los visitantes extranjeros, cruceristas, guiris (y otros sinónimos) que tan en casa se sienten cuando andan por estas islas mías.  El recorrido lo empezamos a las catorce cero cero en el Parque García Sanabria a pistoletazo de fusil. En el césped de una de las plazoletas, un grupo de actores representaba el campamento de la gesta del 25 de julio en la que casi casi nos convertimos en ingleses allá por el 1797 .
A pocos pasos, un espectáculo de títeres hacía reír a los más pequeños, mientras las mamis recorrían el mercadillo de diseñadores y tiendas estilo retro-vintage que conformaban el "Good market": camisetas coloridas, bisutería rocambolesca y hasta magdalenas con inyección de chocolate. Acompañando el festín, un escenario con actuaciones musicales y tres "food-trucks" en los que lanzarte una cerveza fresquita por 1,50 euros o un plato de pollo satay por 4,50.
Los tres con una cola de media hora, así que optamos por almorzar en una terracita no tan "cool", pero más veloz de la zona del Pilar. Con el corazón contento, tras llenar la barriguita, nos personamos en el Palacio de carta. A las en punto, representaciones teatrales de veinte minutos de obras emblemáticas. Nosotros tuvimos la suerte de disfrutar, junto con una quincena de asistentes más, al extracto de "Don Juan Tenorio". La escena, situada en medio del patio principal del Palacio (hace poco restaurado) nos conmovió y, salimos "respirando amor" al más puro estilo romanticón de otra época. Cuando salíamos, repartían pases para las siguientes funciones: "La venganza de Don Mendo", "La casa de Bernarda Alba" o "El Perro del hortelano".
Además, nos cruzamos con una tropa de actores (de la misma compañía) que se echaban a la calle para realizar actuaciones ambulantes en la Alameda, el Bulevar o la Plaza de la Candelaria. Quien no vio teatro fue porque no quiso. ¿Y después? ¿han dicho taller de pluma en Almeyda? Allá que fuimos. A ratos, creímos que rescatábamos el espíritu explorador de los viajes rumbo calle La Marina, programa en mano. Intentamos el cortadito en el Equipo Para con su genial terraza insuflada al cielo con bocanadas de cultura, pero aún estaba cerrado, así que a paso lento hacia el Museo Militar. Nos reciben los tanques, el helicóptero y hasta un sidecar recordando los servicios de emergencia en los conflictos armados. Muchos soldados contando batallitas y niños probando fusiles, chalecos antibalas y cascos...escalofriante. Vuelta de reconocimiento y directos al taller de pluma. Antes de llegar, en medio del pasillo, varias máquinas de escribir antiguas invitan, con un cartel adjunto, a teclear un relato inspirado en esa jornada de plenilunio. No nos lo pensamos y disparamos las palabras desordenadas a un folio en blanco. El resultado empezaba con algo así como: "tamborileaba el corazón por un sendero plateado". Lo sé, la inspiración no acompañaba. Introducimos el relato en el buzón correspondiente y nos acercamos a una mesa cercana alrededor de la que varias familias escuchan a un señor explicando cómo se secaba la tinta en los documentos antiguos. Como ejemplo, redacta en pluma el alistamiento ficticio de uno de los niños presentes y luego recubre el texto con serrín. Estuvo curioso, pero esperábamos algo más, digamos, práctico (la pluma sólo la cogía él).
Retornamos al centro hacia la Plaza del Príncipe. Los tambores de la Batukada nos hacen acelerar el paso y mover el cuello acompasando el ritmo de forma involuntaria. Varias librerías han montado carpas y ofrecen descuentos. En la del "Libro en Blanco", autores noveles canarios como Inma Vinuesa o Yauci Fernández charlan sobre la aventura de escribir y firman sus novelas con ilusión y sonrisas. Ya tenemos sus libros en la biblioteca (hay que apostar por las nuevas voces), así que subimos calle Castillo hasta el Círculo de Bellas Artes. En el exterior, varios alumnos de la Escuela de Arte proponen fotografías con máscaras a los viandantes y, en el interior, se graba un programa de radio El Día sobre la figura de Cervantes. Nos sentamos a escuchar unos minutos para descansar los pies. Resulta que en Güimar hay un museo del Quijote. Todos los días se aprende algo. ¡Qué hambre! Cañita y arepa en las terrazas del Bulevar mientras escuchamos las versiones simpáticas de Fran Baraja y colofón final en el Sanabria, a partir de las 22h con los energéticos "Ni un pelo de tonto". Normal que sea martes y aún me dure la sonrisa. Eso es todo, amigos.
Sólo diré una última cosa: que se repita. 




domingo, 24 de abril de 2016

El capítulo 1 de Blanca. Cualquier día es bueno para empezar otra vez

Blanca es una negra tizón. Una mujerona de melena rizada y bembas del color de una fresa remadura. Trabaja en la cafetería de la avenida, tostándose al ritmo del sol canario, tibio y constante. Parece mayor de lo que es, sobre todo cuando ríe y su dentadura fulge brillante invadiendo el espacio de los pómulos y arrugando su mirada ardiente. Por las noches, estudia oposiciones a la luz del flexo de plástico de su hijo más pequeño y en las esquinas de las páginas dibuja, cuando el cansancio amenaza con atraparla, playas africanas que supone haber visto en su infancia. 
Rodolfo, profesor circunstancial de física y química en el instituto de enfrente, la observa bajo sus gafas oscuras, parapetado tras un café humeante. Lleva desde principio de curso estudiándola, adivinando la verdad que se camufla tras sus curvas despampanantes. Varias veces, mientras recoge la mesa, la ha pillado doblando el cuello intentando leer el título de alguno de los libros que él suele llevar a su café de media mañana. Otras, ha advertido cómo ella asiente discreta cuando él se desahoga con algún compañero sobre la falta de motivación del alumnado y las incoherencias del sistema. 
Por eso, hoy, 23 de abril, junto a la cuenta, ha deslizado un poemario reeditado de Neruda que siempre habría querido regalar a una novia. En la servilleta semitransparente, ha escrito con letra de pizarra: "Estimada (tachón de arrepentimiento)". Y luego un escueto: "Feliz día del libro". Acto seguido, se ha levantado bajo el peso de una timidez inoportuna, escapando rumbo al trabajo. 
Tomás, el dueño, que ha controlado la escena desde la posición privilegiada de la barra, ha sepultado la magia del instante con voz socarrona:
- Blanca, aquello es para ti - dice, señalando el libro con un gesto indiferente de barbilla-.
Ella acude con rapidez a la mesa, ignorando las burlas de dos adolescentes fugados de clase a los que se les oye cuchichear: "¿En serio se llama Blanca, con lo negra que es?" y otras risas descontroladas, propias de almas aún verdes, sobreprotegidas, ignorantes del dolor propio y ajeno.
Blanca se coloca el delantal y con un gesto sereno, muy por encima de años de prejuicios añejos, avanza con una sonrisa hacia la mesa y, tras la taza ya vacía, recoge el libro, que oculta bajo la bandeja. El sol se refleja en su piel azabache, que se ha vuelto sonrosada de sorpresa y agradecimiento, que se ha conformado, haciendo alusión a su nombre, en página blanca, un capítulo uno para llenar con esperanza.