miércoles, 24 de febrero de 2016

Recomendaciones lectoras: El Titanic del Mediterráneo vuelve a navegar en la última novela de Emma Lira

Imagina que recibes como herencia un antiguo diario que tu familia ha ocultado durante años y en el que tu tatarabuelo narra cómo y por qué abandonó el barco que capitaneaba en el momento de su naufragio. Esto es lo que le sucede a Sandro, el protagonista de la novela "Lo que esconden las olas" (Plaza y Janés), de Emma Lira. De origen venezolano y apasionado por el mar, Sandro viaja a Cartagena en 2006 para descubrir cuáles fueron las circunstancias que llevaron al vapor "El Sirio" a naufragar en 1906. La tragedia, cuya historia es verídica, tuvo lugar a escasos kilómetros de la costa murciana y a plena luz del día. El mar parecía calmo e inofensivo, pero ocultaba unos bajos capaces de hacer encallar y hundir un barco. A pesar de que la presencia de estas colinas submarinas se advertía en todas las cartas naúticas y de que el capitán, de reputada experiencia hasta el momento, había navegado con anterioridad por esas aguas, el naufragio fue inevitable. La existencia de causas alternativas ronda el buque hundido desde entonces. Emma Lira sabe sacar partido a esta materia prima, nutriéndose de las historias inconclusas e ilógicas y, sobre todo, del interés que suscita en el ser humano la constancia de sus propias meteduras de pata. Escrita a caballo entre dos épocas (la del naufragio y la del rodaje de un documental sobre el hundimiento en 2006), la novela nos presenta una lista de personajes variopintos en los que se deje entrever, sin salvedades, la perspectiva femenina, lo que en algunos casos resta credibilidad a los mismos pero les concede una exquisita sensibilidad. El auxilio de los pasajeros  y la sucesión de acontecimientos durante los días posteriores al naufragio denotan una excelente documentación, tanto que las últimas páginas dejan un regusto de reportaje que se nos antoja insuficiente, pues nos gustaría permanecer más rato atrapados en las historias que narra la ficción. En este sentido, la autora no termina de meterse en el agua por completo y la trama, a pesar de las 533 páginas, impresiona de esbozo sin profundizar ni dar cierre. Aún así, tal y como hacía en su anterior novela "Búscame dónde nacen los dragos" (fabulosa), Lira consigue trasladarnos con detalles, que se adivinan de su propia experiencia, a todos los escenarios principales,  lo que seguramente dote de mayor dinamismo a la trama para aquél que siendo lugareño se sumerja en esta historia. Entretenida, pero con falta de un gancho certero, a pesar del filón trágico. Historias de amor imposibles un tanto predecibles con desenlaces más agudos que los propios conflictos. Buena compañera para una escapada lejos de las preocupaciones. 

Lugares inspiradores: La Gomera mágica


La Gomera tiene ese aura encantador de los lugares exclusivos e insólitos. 
La noche se cierne sobre el valle y enciende una brecha de posibilidades en el alma de todos los que pernoctamos en Hermigua. La escasa población y las pobres farolas ensanchan el margen de actuación dando espacio al espíritu para campar a diestro y siniestro, sin focos de atención ni presiones. 
Las plataneras se contonean rítmicas bajo el balcón y la bruma acaricia melosa las cumbres húmedas.
 Saboreo una galleta de aceite y engraso el engranaje de la espontaneidad interna, aquella que sintoniza con este paisaje y nos permite a ambos ser únicos. 

jueves, 11 de febrero de 2016

Regálate un motivo y escribe: Concursos literarios en febrero por correo electrónico

Si te sueles dejar arrastrar por la vorágine del "Tengo que", los compromisos varios y el estrés full time de nuestra época, seguramente el ejercicio de escribir lo tengas relegado a un último plano. Por eso, aprovechando el hábito del plazo límite y del cumplimiento de objetivos del día a día laboral y personal, tienes aquí varias propuestas para disfrazar de "obligación" el hecho de sentarte a escribir. Esta pequeña presión quizá pueda reconciliarte con tu pasión y, aunque al principio suene exenta de encanto, conseguirá despertar en ti esa escotilla de bienestar que la impulse por fin al número uno de tus cosas por hacer. Ya lo ves, de una manera u otra, el mandato es el mismo: ESCRIBE.

Anímate con:

sábado, 6 de febrero de 2016

Viajar, volar, soñar...y otros verbos de primerísima conjugación

Giró la cabeza hacia detrás y contempló unos instantes la estela de polvo en el camino. Recorrían solitarios una tierra plagada de presencias. Dejaban a un lado las ramas imperfectas del pasado y se adentraban en la lengua ambarina, permitiendo que las olas confluyeran en sí mismos, borrando las huellas de la arena. La escapada era un arrojo de valentía disfrazada de arrebato, lo mismo que el paisaje, una certeza sorprendente con aires de decorado. Y, sin embargo, la realidad caía densa sobre sus pómulos, la vista persiguiendo el horizonte y el ánimo fluyendo sin descanso, salpicado de energía poderosa en cada uno de sus gestos. El jeep descansa bajo el inmenso baobab y el fuego crepita cercano, alimentando la libertad que los devora. Asoma a la pupila un brillo de dulce melancolía ante el regalo inimaginable de la naturaleza. Caminan por la llanura sin prisas, trepan por las piedras sin objetivos, disfrutan, en definitiva, de la suerte de estar simplemente donde quieren estar. 
Un vídeo de Manel Gaspar