miércoles, 30 de marzo de 2016

Recomendaciones lectoras: Pocas páginas y una historia de soledad y obsesión que atrapa

Cicatriz (Anagrama, 194 pág.)



Acaricias a tientas una piel y descubres que, muy sutilmente, esconde un pliegue, una cavidad ínfima, una rugosidad intrusa que pone, de pronto, tus sentidos en alerta. Ese pequeño descubrimiento hace que pases de nuevo la yema de tus dedos por ese mismo lugar, adivinando la certeza de una herida antigua que, a veces, sigue aún abierta. Con esta paciencia llena de curiosidad y respeto, Sara Mesa nos descubre, en su novela, la honda cicatriz que albergan las almas de Sonia y Knut. Vacíos de comprensión y perdidos en sus rutinas, los dos protagonistas se conocen a través de un foro literario por internet. La conexión es inmediata y el vínculo se forja indestructible, diseñado por la mente obsesiva de Knut. Pronto, Sonia se verá acorralada en una relación de dependencia de la que le será muy difícil zafarse. Correos electrónicos diarios, cartas constantes y paquetes cuyo contenido no termina por satisfacerla, pero que no es capaz de rechazar. Entran en juego la personalidad complaciente e insegura de Sonia y la determinación arrolladora de Knut, que parece haber encontrado en ella una excusa para sus arrebatos cleptómanos y una prolongación de sus ambiciones más inalcanzables. La proyección en otros de lo que nos gustaría ser, la necesidad del ser humano de ser reconocido y, sobre todo, la tremenda soledad que abruma los personajes, empujándolos a situaciones dolorosas, es el hilo que cose los puntos de esta cicatriz en la que Sara Mesa, con un estilo atrevido tanto en la prosa como en la tipografía consigue atrapar al lector, despertando en él una leve compasión, un rechazo hastiado y, quizá, un extraño espejismo de sí mismo. 

miércoles, 23 de marzo de 2016

Tocar con el alma la vida que se esfuma





"- ¡Qué suerte!- dijo cabizbaja, queriendo exculparse de sus quejas cotidianas. Luego, vistió su pupila con el sol de la tarde y añadió optimista : Cada día es un regalo. 

- Tú lo has dicho - respondió él, mientras encuadraba el instante en una foto. "

domingo, 20 de marzo de 2016

La pistola está aún cargada : cuatro balas y un microrrelato en la recámara

Todo empezó con el mirlo. Aquél pájaro negro que apareció junto a la estantería donde su madre encendía cada día un velón por sus familiares muertos.


Era un hombre barrigón, más bien bajo, con un bigote antiguo de cantante de rancheras. Lo vio salir con una bolsa de basura. Su vieja Nancy calva asomaba pidiendo auxilio de camino al contenedor. Supo entonces que habían vendido la casa.

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  Parpadeó deslumbrado por el reflejo de la radiografía. El médico movía los labios, pero él no lograba oír nada. Un pitido lejano. Un saco de huecos y huesos.

      








He vuelto. Regresa a mis pestañas el aleteo del viaje.
    

El suelo está frío y sus labios descansan sobre un charco de vómito que adivina suyo.


lunes, 7 de marzo de 2016

Microrrelatos al horno de un falso invierno

 




  “No eres capaz”, vociferaba robótico el miedo. Tronaba contra las paredes de su garganta, como una traqueotomía fallida de su alma.  








  El planeta había dejado de girar y todos cargaban con mochilas descomunales a la espalda, rumbo al continente que permanecía a oscuras. Nunca habría pensado que huiría de la luz, pero no quería morir achicharrado.




Había puesto el orinal en la silla porque ya no podía agacharse. Su marido roncaba en la cama, erecto bajo las sábanas blancas. Ella se bajó el pijama de franela y suspiró avergonzada.

    



 Fue la magia de lo común la que obró el cambio: un domingo por la tarde y una bicicleta prestada.