jueves, 25 de agosto de 2016

Descripciones que sólo puede hacer la gente que lee

En la fantástica película de Arnaud Desplechin, "Trois souvenirs de ma jeunesse", Paul Dédalus (el protagonista) no para de leer en todo el largometraje. No es de extrañar que cuando visita un museo en compañía de su novia y amante Esther, haga uso de forma improvisada de un cuadro para regalarle a su amada esta descripción tan particular y detallada de su rostro y carácter. Toda una declaración de amor.

Transcripción en francés:

"Je vais te dire pourquoi ce tableau te ressemble et pourquoi tu es une fille merveilleuse. C'est un tableau d'Hubert Robert, peint au XVIII siècle. C'est un paysage en Italie, tout semble à l'abandon. En bas, le tableau est mangé par les ruines comme après le passage d'un tornade de vent et moi, je pense que tu es pareille à ce qui a arraché ces colonnes: sauvage, violente...Je suis comme l'homme à la cape rouge, une tache rouge comme ta bouche mais tu es rieuse aussi comme ces deux femmes-là. Au loin, l'eau de cette fontaine c'est toi qui file entre mes doigts et là c'est ton menton qui semble simple droit comme un texte au Latin mais qui est violent aussi comme Acthéon. Moi, je suis Acthéon déchiré par les chiens et toi, tu es comme Diane, mais tu es douce aussi comme Venus et comme Usica? qui accueille Ulysse toute nue et déchirée quand les autres filles se sont enfuies et ça c'est ton beau tableau. Là, c'est ton front, tes sourcils et tes yeux bleus comme le ciel parce que ton visage tient toute la signification du monde dans ses traits"

Traducción al español:

"Voy a contarte por qué este cuadro se te parece y por qué eres una chica maravillosa. Es un cuadro de Hubert Robert, pintado en el siglo dieciocho. Se trata de un paisaje en Italia y todo parece abandonado. En la parte baja, el cuadro parece estar devorado por las ruinas, como si hubiera pasado un tornado y creo que tú te pareces a todo lo que podría haber arrancado esas columnas: algo salvaje, algo violento...yo, yo soy el hombre de la capa roja, una mancha granate como tu boca. A lo lejos, el agua de esta fuente eres tú, que se escurre entre mis dedos y esto de aquí es tu mentón, simple y firme como un texto en latín, pero también violento como Acteón. Yo soy Acteón, destrozado por los perros y tú, tú eres Diana, pero también eres dulce como Venus y como Usica? que recibe a Ulises desnuda y desvalida cuando las otras chicas han huido. Así que este es tu bonito retrato. Y aquí están tu frente, tus cejas y tus ojos azules como el cielo, porque tu rostro contiene todo el significado del mundo en sus trazos"


Súmate a la moda de leer en el coche

El coche es un espacio único y personal. Es en el coche donde se fraguan, muchas veces, los pensamientos determinantes que oscilan entre la liberación y la autodestrucción. El coche motiva. El coche es un cómplice de fuga. El coche puede ser tu mejor escapatoria. De los creadores de "el sillón de atrás del coche siempre es buen sitio para follar" y "no tenemos wifi, hablen entre ustedes", llega ahora "Lee en el coche". Lejos de incitar al público general a cometer infracciones contra el reglamento de tráfico, esta nueva tendencia propone a los conductores y pasajeros a introducir la cultura en sus vehículos. El concepto es muy sencillo.
Si te fijas bien, todos los coches cuentan con numerosos orificios, guanteras o bolsillos perfectos para hacer las veces de estantería. Son estos espacios que llenamos de monedas sueltas, papeles de chicles, pañuelos usados, folletos, tickets del parking y otra basura varia los que podemos mejorar con la presencia de los libros. No tienen que ser muchos. Basta con dos o tres, preferiblemente alguno cerca del volante, pero también a mano para el copiloto o los pasajeros. Tranquilo, no se trata de leer conduciendo, más bien de optimizar tu tiempo. ¿Cuántas veces te toca esperar en el coche? Quizá porque hayas quedado con alguien que llegue tarde, quizá porque la tienda está aún cerrada, quizá porque quedan quince minutos para tu clase, quizá porque has acompañado a tu hermana al veterinario con su perro, quizá porque te confudiste de hora...? Estas esperas interminables pueden ser sustituidas por ratitos o ratazos de placer siempre que hayas hecho una buena selección de libros en tu particular biblioteca automovilística. El gesto exige cierta voluntad en medio del caos tecnológico que vivimos, pero demostrarás un arrojo de personalidad al optar por un
libro en lugar de por el móvil en estos paréntesis muertos. Noticia de última hora: no son pérdidas de tiempo si las reconviertes en oportunidades mágicas para empaparte de cultura y concentrarte en algo que no sean preocupaciones o "tengo que". Puede que no te guste leer, pero reconoces el beneficio de la lectura (expande la mente, fomenta la concentración, enriquece tu vocabulario, etc). Esta es una buena manera de retomar el contacto con los libros, pues sabrás que el tiempo de lectura no se lo estás robando a nada que en principio te guste más, sino que simplemente te estás entreteniendo.Con suerte, este nuevo hábito te reporte más satisfacción de lo que esperabas. Piensa ahora en compartir vehículo y en las personas que habitualmente se montan en tu coche. Dejando los libros a la vista, compartes tus aficiones, tus autores preferidos, las historias que te mueven. Por un lado, expresas tu mundo interior, liberándote de prejuicios y miedos y, por otro, concedes generosamente la oportunidad a esas personas de acercarse a la cultura y de, a su vez, ofrecerte su punto de vista al respecto.
Esto seguramente sea el desencadenante de nuevas e interesantes conversaciones que no podrías haber mantenido de otra manera, además de una retroalimentación sana y necesaria en los tiempos que corren. No esperes más y genera, con ilusión, tu mini-biblioteca en el coche. Saca del polvo añejo a esos libros relegados a lo alto de la estantería del salón o del rellano. Párate a elegir un buen puñado de títulos, incluso entre aquellos que quedaron exiliados en casa de tus padres. Sé un héroe, esperando en el banco de la plaza con uno de esos libros. Sé "cool", metiendo la mano en tu bolso y ¡oh, sorpresa! no extrajo el móvil, sino un libro. Sé diferente, porque lo eres y lo sabes. Sé tú y sigue la moda buena, la que aporta y te construye y reconstruye como persona. 

lunes, 22 de agosto de 2016

Relatos terapéuticos: Amanda y su adiós al miedo

El momento de desenmascararse fue tardío, pero oportuno. El hombre, de barba abandonada y mirada profunda se había acercado sin pronunciar palabra. Llevaba puestas unas ropas raídas, más propias de un vagabundo que de un druida. Yo esperaba sentada sobre una piedra, la espalda erguida, desafiando lo imprevisto. 
Nos encontrábamos en un paraje extraño, propio de un póster de sala de espera de hospital: árboles, musgo fluorescente, varios pájaros cantando al unísono, el murmullo de un riachuelo coreano. 
- Quítatela - me dijo, a pocos palmos de mi cara, alargando su mano esquelética hacia mi barbilla. 
En un gesto reflejo, obedecí ensimismada. Había algo en su mirada de mandala giratorio, unos ojos espejo capaces de absorberte y llevarte a otros mundos. Con estupor, descubrí, al acariciar mi propia barbilla con los dedos, cómo una pequeña lengüeta comenzaba a despegarse. Cerré los ojos invadida por una sensación de asco de la que quería salir corriendo. Cuando volví a abrirlos, todo había desaparecido: ni rastro del bosque ni del río. Tan sólo una pantalla azul clara, oceánica, como las láminas curvas de l'Orangerie donde los Monet parecen abrazarte.
- ¿Ves? No hay nada - me dijo, sentado a mi lado. Había olvidado por completo su presencia. 
- ¿Cómo? ¿Nada? 
- Nada. Todo es tu percepción. El mundo no es ni de una manera ni de otra. El mundo es como lo quieras imaginar. Ninguna situación es buena ni mala. Todas se inician en el kilómetro cero de tu pensamiento. Tú eres quien está creando el miedo que sientes ahora. Es solo percepción. No le des conciencia. No juzgues. Acepta la vida como es y, sobre todo, no hagas plagio de otras percepciones y realidades. Todos somos distintos, así que vive tu vida distinta, libre de etiquetas - permaneció unos segundos en silencio antes de continuar - Anda, toma. Aquí tienes tu máscara si la quieres pero, por favor, al menos, inténtalo. Vive sin miedo. 
Titubeé unos instantes, atenazada y ahogada por limitaciones antiguas, que ahora sabía que no existían más que en mi cabeza. 
- Déjala, ya no la quiero - respondí tirando la máscara a una papelera cercana que había aparecido de súbito a escasos metros. El golpe seco al dar con el fondo resonó como la claqueta de un set de cine. 
Me encontré en la calle, esperando para cruzar el paso de peatones. El maletín del trabajo pesaba en mi mano izquierda y mi cuerpo sobre los tacones se balanceaba bajo un sol de ultimátum. Semáforo en verde. Parpedeé consciente y di media vuelta. No había obligación, había elección. 

miércoles, 17 de agosto de 2016

Hibernación veraniega




A veces, no somos. Apagamos el interruptor y nos dejamos imbuir hacia el fondo etéreo de los sueños. Retozamos en el letargo tranquilo de los libros. Adoptamos el coraje y la ternura de extraños muy nuestros. Sufrimos y crujimos el éxtasis insuflado por el ingenio de los genios. Saboreamos el silencio submarino de la lectura para retornar a la superficie, plenos.