domingo, 4 de septiembre de 2016

Libros para despedir el verano: "El africano" de Le Clézio

Este pequeño libro de 123 páginas es una despedida postergada en el tiempo. Le Clézio (Premio Nobel de Literatura 2008) ahonda en su pasado y rescata a su padre como protagonista de un relato que mezcla la admiración y la resignación. La novela te planta frente al autor desnudo y despellejado, acosado por las dudas, pero con un alto grado de comprensión hacia lo que el tiempo y la vida puede llegar a hacer de un hombre. Conforme avanzas en la lectura, te parece estar escuchando las confesiones añejas de un amigo, descubriendo episodios de su infancia que jamás te había contado. Le Clézio mata a su padre en esta novela. No lo hace de forma literal, sino diría que de manera terapéutica. Arrastra al progenitor a su nivel, le mira directamente a los ojos, entiende su deterioro posterior y acaba por perdonarlo. Habla de sus inseguridades y sus abandonos y, de esta forma, asesina la idealización que hubiera creado cuando aún era pequeño, cuando aún esperaba su presencia.  Es también esta novela una instantánea africana, concretamente de la vida de sus gentes, atenazadas por la enfermedad, pero agarradas a la supervivencia de la simpleza. Observamos lo sucedido desde dos distancias diferentes: la del hijo y la del padre, ambas aderezadas por la nostalgia. Destaca la crudeza con la que afronta el padre su labor de médico en los pueblos africanos. Su entereza frente a la muerte y su sacrificio familiar en aras de un servicio a los otros que parece innato en él. Recorremos su trayectoria profesional y el desencanto en su madurez, harto de experiencias desagradables, pero también hay cabida para el amor y la añoranza al recordar episodios de su juventud en los que, acompañado por su mujer, todos los retos eran alcanzables y África era el escenario de la aventura y la libertad.
 Es inevitable que se desprenda de estas páginas un regusto a tristeza, esa de quien observa los logros conseguidos con melancolía, porque le recuerdan las pérdidas que éstos conllevaron. Una novela íntima y honesta que nos ayuda a aceptar que, pese a nuestro valioso poder de decisión, el ser humano es llevado por las circunstancias, que son las verdaderas moldeadoras de su vida. 
Algunos pasajes de una belleza singular:

"Habíamos venido desde el otro lado del mundo (porque Niza era perfectamente el otro lado del mundo). Habíamos salido de un apartamento en el sexto piso de un edificio burgués, rodeado por jardines donde los niños tenían prohibido jugar para vivir en África ecuatorial, al borde de un río fangoso, en medio del bosque"

"Este es un país de horizontes lejanos, donde el cielo es más amplio y se extiende hasta que se pierde la vista. Mis padres sienten aquí una libertad que no han conocido nunca en otro lugar"

"África es, al mismo tiempo, salvaje y humana en su noche de bodas. Durante todo el día, el sol ha quemado sus cuerpos. Ellos están repletos de una fuerza eléctrica incomparable. Imagino que hacen el amor esa noche al ritmo de los tambores que vibran bajo la tierra, pegados el uno contra el otro en la oscuridad, su piel empapada en sudor, resguardados en la cabaña de barro y ramas tan pequeña como un gallinero"

"Aún está lúcido. Sabe que va a morir. Por un momento, en la celda donde lo han aislado, sufre una crisis, su cuerpo se arquea y sus miembros son poseídos por una fuerza tal que el cuero parece estar a punto de romperse. Al mismo tiempo, gruñe y grita de dolor, la espuma sale de su boca. Luego, vuelve a caer en el letargo inducido por la morfina. Horas más tarde, será mi padre quien hunda en su vena la aguja que le inyecte el veneno. Antes de morir, el joven mirará a mi padre, perderá el conocimiento y su pecho se desinflará con el último suspiro. ¿Qué tipo de hombre eres cuando has vivido esto?"